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Pequeños detalles: Poker Night at the Inventory

Amistad es lo principal.

"Pequeños detalles" es una serie de artículos dedicados a analizar los elementos individuales, filosofías de diseño y demás aspectos que marcan a videojuegos concretos.

Soy un animal de costumbres. Antes, cada vez que quedaba con mis amigos de toda la vida, sí o sí, acabaríamos jugando a Soul Calibur III; ahora las partidas son a Towerfall Ascension y, de vez en cuando, sacamos las espadas y volvemos a las viejas formas. A veces tomamos la tercera vía, desempolvamos la Xbox 360 y jugamos a Halo 3, siempre en el mismo mapa, siempre con las mismas reglas: un modo personalizado que, en un arrebato de creatividad, denominé "masacre", en el que sólo existen el lanzacohetes y el martillo de gravedad. Aunque pasen los años, no cambiamos y, tarde o temprano, el sospechoso habitual cogerá el impulsor gravitatorio y empezará a dar brincos entre risillas tontas, como un imbécil. Tarde o temprano, cogeré una de las minigun creyendo que nadie me ve y demostraré por enésima vez que me equivoco cuando un cohete me parta la nuca. Cuando jugamos a Soul Calibur III, ellos son Mitsurugi y yo, Siegfried. Mismas tácticas, mismas formas. Como si el tiempo se hubiese congelado. Me sorprende que las partidas no hayan evolucionado a un nivel donde constantemente leemos cada uno de nuestros movimientos.

Hay un encanto en esto de jugar con gente que trasciende la presencia de otro ser humano o escuchar una voz que finge quererte. Los videojuegos llevan años encontrando soluciones a la soledad, antes en los bots y ahora en el multijugador online, pero son parches que no logran tapar el vacío que deja la gente. No tengo más que pulsar un botón y Hearthstone me encontrará de inmediato a alguien con quien tener un emocionante duelo de cartas, y mientras espero a que mi oponente elija un personaje en Super Smash Bros. U, el propio juego me dejará practicar con una IA de nivel bajo para combatir el tedio e ir calentando motores. Uno puede encontrarse de todo en estas partidas, desde spammers a inspirados que actúan como si esta partida fuese de la MLG pasando por los trolls y aquellos genios que intentan algo distinto y piensan tan fuera de la caja que terminan cayendo por un precipicio. Gente hay, opciones hay, pero son polvos de una noche, un "hola, qué tal, hasta nunca".

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En realidad es difícil encontrarse con esa gente y, aunque esté claro que estás jugando con otros individuos, son partidas carentes del calor humano, como si os atase un contrato para competir en este mismo instante y ahí quedase todo. Citas relámpago con fusiles de asalto. O estás con amigos o estás solo. Aunque los de Telltale ahora sean conocidos por sus aventuras gráficas, guiones cargados de drama y decisiones con tanto valor como la diferencia entre escoger si Pepsi o si Coca-Cola, hay un hueco especial en mi corazón para Poker Night at the Inventory. Parte de mí dice esto porque soy un ludópata y el póker me pierde, pero también hay que reconocer el mérito de este título en el que jugar a solas significa estar en compañía.

Para quienes no lo sepan, lo que diferencia a Poker Night at the Inventory del resto de su estilo es que las susodichas partidas se juegan contra personajes de ficción como el Heavy de Team Fortress 2, Claptrap de Borderlands o el guionista de Penny Arcade, Jerry Holkins. De primeras cualquiera diría que esto no es más que fanservice barato y que la única diferencia entre jugar a esto o apostar en Bet365 es decir que GLaDOS es tu crupier. Esa gente se equivoca. Poker Night at the Inventory sólo puede jugarse a solas y su encanto viene no tanto del póker per se como de aquellos personajes que rodean la mesa.

Estas partidas nunca se juegan en silencio. Cada vez que alguien hace un movimiento, se retira, sube la apuesta o, por qué no, cada vez que se te ocurre parpadear, lo más probable es que uno de estos personajes decida abrir la boca y te cuente alguna historia. O te insulte. O ambos. Son siempre los mismos personajes, siempre las mismas frases, pero lo que en otro caso podría ser repetición sin gracia aquí se ve recontextualizado: estás hablando de lo de siempre, volviendo a los temas habituales, relajándote. Un meme, pero sin letras en Impact.

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Poker Night at the Inventory es un videojuego sobre la compañía y conocer a la gente con la que juegas. El póker, aquí, es un acto social antes que lúdico. Cada jugador tiene sus formas, sus señales, pero no son limitaciones de la IA sino una parte de quiénes son ellos, sus idiosincrasias y actitud frente a un juego donde las apuestas son tan altas que acaban perdiendo el valor. En el fondo, todos estamos aquí por el diálogo. Hay una conexión genuina entre tus movimientos y las respuestas de los demás; cuando alguien pierde, no desaparece sino que se retira al fondo del bar y hace tiempo hasta la próxima ronda. Cada vez que escoges la opción de empezar de nuevo el juego actúa como si, por arte de magia, convocases a tus amigos en un grupo de Whatsapp y todos estuviesen libres en ese mismo instante. Todos llegan, se sientan, comentan lo que pasa. Es una simulación del toma y daca entre amigos, el runrún del quedar por quedar y estar con el grupo conocido. Aunque estés jugando con un puñado de píxeles que fingen ser Sam y Max, hay vida, carácter en sus frases y juicios. Siempre que juego con una de mis amigas a Super Smash Bros. U, escoge a Peach y se pasa toda la partida spameando el side-B. Jugar se convierte en un limbo en el que intentas ir a lo tuyo mientras ella crea el caos, y el escenario se llena con los constantes "¡a-CHÁ!" de la princesa del Reino Champiñón. Ella es así. Hay otro que no para de lanzarse con Bowser, y es lo que le va. Tenemos nuestras idiosincrasias, pero se pasa el rato con ellos porque es divertido. Poker Night at the Inventory lo entiende y busca explorar esta relación.

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