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Análisis de Patapon Remastered

Digievoluciona en Angemon.

Un port sin contenido adicional que pretende revivir una de las sagas de ritmo más notables de Sony.

Voy a empezar este texto con una confesión sobre mí: a pesar de que probablemente la mayoría de momentos memorables que he pasado jugando se los debo a consolas de sobremesa, lo cierto es que tengo una debilidad extraña por las portátiles. No tanto porque algunas de las sagas que más me gustan se publiquen exclusivamente en ellas, sino porque creo genuinamente que, por sus características, hay algunos títulos que están destinados a vivir en ellas. Hablo de aquellos que te roban los ratitos más recónditos, los segundos de antes de dormir, los instantes muertos en viajes de autobús. Los videojuegos en los que sentir la consola cerca y sujetar la pantalla con las manos, acercándola cada vez más a la cara en los instantes de tensión, juega un papel fundamental en la experiencia. Me gusta pensar que Sony también cree, en el fondo, que hay juegos que deberían ser jugados siempre en este tipo de plataformas, porque cuando en el año 2008 lanzó Patapon, lo hizo exclusivamente para la consola PSP. Esta saga de juegos de ritmo desarrollada por el estudio japonés Pyramid contaría más tarde con dos secuelas, y su primera entrega nos llega ahora remasterizada para PlayStation 4.

De la relación de Sony con los juegos de ritmo podría hablarse durante otro artículo entero. Cabe destacar que prácticamente inventaron el género con Parappa the Rapper, y una década más tarde volvieron a deleitarnos con el juego que nos ocupa en este caso: Patapon, que funciona bajo unas mecánicas tan complejas como únicas. Podemos preguntarnos, probablemente, si realmente era necesario remasterizar un título con un apartado estético tan sencillo y que ha resistido tan bien el paso del tiempo. Pero el caso es que, de un tiempo a esta parte, la empresa parece determinada a no dejar estos títulos caer en el olvido. Quizás este relanzamiento de Patapon no responda tanto a una necesidad real de mejora estética sino a una aspiración de revivir la saga. Y los más optimistas incluso deseamos que este interés repentino signifique que Sony está probando las aguas para volver al ruedo con alguna nueva franquicia de estas características.

Si este fuese el caso, la iniciativa sería bienvenida. Será difícil, sin embargo, que se vuelva a dar en el clavo con una premisa tan llamativa e interesante como la de Patapon: un RPG que combina elementos de ritmo con estrategia en tiempo real, gestión de equipo y elementos de crafting. Lo que sobre el papel suena como una combinación aberrante está ejecutada con una maestría que integra todos estos elementos a la perfección, y el resultado es un videojuego innovador en su concepto, bastante adictivo y notablemente exigente con el jugador.

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Patapon es un RPG que combina elementos de ritmo con estrategia en tiempo real, gestión de equipo y elementos de crafting. Lo que sobre el papel suena como una combinación aberrante está ejecutada con una maestría.

Para los que lleguen aquí de nuevas, cabe explicar que en este título el jugador encarna a una deidad que guía a una tribu de guerreros, los Patapons, en sus batallas contra los enemigos que amenazan con asediar sus tierras. Y del mismo modo que una marcha militar guiaría los pasos de los soldados, pulsar determinadas combinaciones de botones en el tiempo correcto hará que los Patapons reaccionen y sigan nuestras órdenes. Cada uno de los cuatro botones (equis, triángulo, círculo y cuadrado) tiene asignado un sonido, y conforme avancemos en el juego iremos desbloqueando nuevas "canciones", como si de la Ocarina de Link se tratara, que nos permitirán dirigir de determinada manera a nuestras tropas. El tempo es crucial, pero no sólo a la hora de pulsar los botones, sino también a la de dar órdenes a nuestras filas: saber bien cuándo hay que atacar, cuándo avanzar o protegerse y cuándo retirarse será crucial para que nuestros soldados sobrevivan. Cuando terminemos cada pantalla obtendremos nuevo equipamiento para éstos, materiales que nos servirán para crear nuevas unidades de combate y "kachings", la moneda del juego. Conforme avancemos, cuidar la composición de nuestro ejército y crear Patapons poderosos mediante la mezcla de materiales raros será clave para poder avanzar.

La forma en la que Patapon juega con el aspecto visual es seguramente una de las facetas más interesantes del juego, y quizás el aspecto en el que la remasterización podía quedar un poco cojo. No obstante, al margen de algunos leves problema de reescalado en algunas de las cinemáticas, esta nueva versión sabe desenvolverse a la percepción manteniéndose fiel a la esencia del original. Y por lo demás, todo sigue igual. Hay leves elementos visuales que ayudan al jugador a identificar en qué momento tiene que pulsar los botones, en general el juego te hace confiar en el sonido y el ritmo casi al cien por cien. Tanto es así que, en cierto modo, el juego nos obliga a llevar cuenta de los compases de forma "analógica", digamos: para sobrevivir y conseguir encadenar combos, nos encontraremos a nosotros mismos canturreando las melodías en voz baja, marcando el ritmo con el pie o incluso sacudiendo el mando - mi técnica favorita - al ritmo de la base para no perdernos. El resto de elementos visuales, diálogos y cosas que aparecen en la pantalla están ahí por un simple motivo: distraerte. Los diferentes niveles, los enemigos y nuestras propias unidades nos proporcionarán diversos estímulos visuales y sonoros que harán más sencillo que perdamos el ritmo. Para terminar los niveles tendremos, por tanto, que mantener la cabeza fría y escoger muy bien a qué elementos de la pantalla le prestamos atención y cuáles es mejor omitir.

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En este sentido, quizás es el juego de ritmo más puro que he jugado jamás: ni de broma podrías jugarlo con el volumen apagado o incluso bajito, y aunque eso eleva la dificultad de forma considerable, termina por merecer la pena por lo todopoderoso que te sientes cuando consigues ejecutar una pantalla a la perfección. Es curioso que según la historia del juego el jugador tenga precisamente el papel de una entidad divina, y sepa conseguir tan bien la sensación de ser un Dios del ritmo, un ser superior de los compases.

Patapon es un juego un tanto críptico en cuanto a su funcionamiento: algunos aspectos del juego no se explican del todo bien en los tutoriales, y necesitaremos bastante prueba y error para terminar dominándolos.

Incluso en los momentos en los que el juego flaquea un poco, con diseños de jefes que terminan siendo un tanto repetitivos o introducciones de mecánicas no demasiado bien resueltas, el sonido de los tambores y la magia de la música es suficiente para hacernos seguir avanzando. Patapon es un juego un tanto críptico en cuanto a su funcionamiento: algunos aspectos del juego no se explican del todo bien en los tutoriales, y necesitaremos bastante prueba y error para terminar dominándolos. Aun así, la sensación general del juego es tan buena que estos matices más oscuros no hacen sino incentivarnos a sumergirnos todavía más en su universo, a probar todas las combinaciones posibles y disfrutar del pequeño momento de revelación cuando hacemos que las piezas encajen.

En resumen: el debut de Patapon en PS4 deja un montón de buenas sensaciones, y no podemos más que esperar a que las otras dos entregas de la saga se lancen también en esta plataforma. Echamos en falta algún tipo de añadido o bonus al juego en lugar de simplemente un port de la versión anterior, pero aún así, el título ha soportado el paso del tiempo de maravilla y tiene contenido más que suficiente como para durar algo más de una decena de horas. Y a pesar de eso, a veces estoy en el transporte público y recuerdo de refilón alguna melodía, mi cabeza empieza a cantar "pata-pata-pata-pon, pon-pon-pata-pon" marco el ritmo un poquito con los pies y pienso que ojalá tuviese una PSP a mano y pudiese echar un par de partidas en ese instante. Supongo que no se puede tener todo en esta vida.

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