Need for Speed: The Run

Cuando llegar segundo no es una opción.

A Jack Rourke, el protagonista de Need for Speed: The Run, las cosas no le van demasiado bien. Todavía no sabemos por qué, pero le debe una cantidad considerable de dinero a la mafia, ese tipo de organización a la que, simplemente, no puedes decirle 'espere un par de días más, por favor'. También lleva a la policia de medio país tras sus talones, aunque de eso sí sabemos la razón: para saldar su deuda Jack trata de ganar una carrera ilegal con doscientos participantes que recorre las tres mil millas que separan San Francisco de Nueva York. Con veinticinco millones de dólares de premio, llegar segundo no es una opción: ganar es la única forma de asegurar que no acabaremos en el fondo del mar con unos bonitos zapatos de hormigón.

Desarrollado por el estudio EA Black Box, The Run ha estado acompañado de cierta polémica desde su presentación en el pasado E3: sus creadores mostraron como principal novedad unas secuencias de acción fuera del coche muy cinemáticas, en las que controlamos a Jack a través de quick time events. Siendo probablemente la franquicia de juegos de conducción más conocida del planeta (con cientos de millones de copias vendidas a sus espaldas), era obvio que la reacción de los fans ante tamaño cambio sería bastante sonora. Y así lo fue, pero no para bien.

En Electronic Arts son muy conscientes de ello, y por eso en lo primero que hacen hincapié durante la última presentación del juego, en pleno centro de París, es que la conducción sigue siendo el núcleo de The Run, asegurando que las controvertidas QTEs no suponen siquiera un diez por ciento del total de la experiencia. Tienen tan presente la metedura de pata de la presentación en el E3, de hecho, que este tipo de secuencias brillan por su ausencia en la capital francesa.

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Si te paras a pensarlo con calma, en realidad la idea no está tan mal. El anterior NFS del estudio, Undercover, también intentaba narrar una historia, pero las secuencias de vídeo con actores reales que se intercalaban entre carrera y carrera rompían el ritmo de forma espantosa. Con estas QTEs, en cambio, seguimos metidos en la historia de una forma muchísimo más dinámica, sin que la narrativa se resienta lo más mínimo.

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