Lollipop Chainsaw

Una piruleta ultraviolenta.

Los juegos de Grasshopper Manufacture siempre tienen una personalidad loca y abstracta. Lollipop Chainsaw no es una excepción, aunque esta vez hay algo diferente en él.

La historia de Juliet Starling, una cazadora de zombis y cheerleader de 18 años que masacra muertos vivientes en un instituto, parece incluso demasiado simple para los estándares esotéricos de Suda 51. Tanto las cheerleaders como los zombis son familiares; Grasshopper siempre ha destacado por enseñar cosas que no hemos visto nunca, así que mezclar la típica rubia estereotipada con zombis parece una combinación ya agotada.

Por suerte, toda preocupación acerca de que la influencia occidental haya modificado la visión de Suda desaparece en cuanto empieza a desarrollarse la acción. Lollipop Chainsaw es como las películas de John Hughes de las que se burla, con las primeras impresiones sobre esta rubia con poca ropa disipándose al igual que los clichés sociales de The Breakfast Club.

La demo empieza con Juliet llegando a San Romero High el día de su 18 años, solo para descubrir que el instituto ha sido tomado por zombis. Si decidió llevar su motosierra y la cabeza decapitada de un tipo llamado Nick (del que Grasshopper no quiere hablar por el momento) al colegio antes de que descubriera lo de la invasión zombi es un misterio, pero de todas formas todo lo que hay entre ella y que se convierta en un muerto viviente es su motosierra y su espíritu juvenil.

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No mires directamente a la cheerleader.

El combate de Lollipop Chainsaw está bien. Realmente bien, de hecho: es tan emocionante como tu primer beso cuando eras un adolescente. Juliet está estupendamente animada, y destrozar los muertos vivientes en fuentes de sangre, arcoíris, píxeles, estrellas y monedas es extremadamente gratificante.

Es curioso que con la cantidad de sangre que hay en el juego no parezca demasiado gore. Quizás sea porque la sangre no parece auténtica, sino más bien una hiperrealista sangre de neón, y los miembros amputados luces de Navidad. Su enfermizamente suave representación de la violencia es tan azucarada que si la sexualizada imagen de una estudiante de instituto no te da ganas de pegarte una ducha, con la cacofonía de colores seguro que te entrarán ganas de lavarte los dientes.

En el combate los ataques ligeros se hace con pompones, mientras que los fuertes se hacen con la motosierra. Hacer un combo de decapitaciones te da un bonus en el que la pantalla se vuelve azul y te recompensa con un multiplicador de puntuación y monedas extra (que se usarán para adquirir mejoras, aunque esto todavía no lo han enseñado). Matar a los zombis llena una brillante barra en la esquina, que al estar repleta permite usar una habilidad especial consistente en una breve invulnerabilidad y ataques mucho más poderosos.

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