Análisis de Just Cause 2
Agárrate como puedas.
Versión probada: PlayStation 3
Los sandboxs, o juegos de mundo abierto, están evolucionando. GTA fue el primero en licenciarse y sentó las bases: mapas grandes, pocos o ningún tiempo de carga, libertad de movimiento y la posibilidad de hacer misiones en el orden que quieras.
A éste le salieron varios alumnos predilectos. Algunos de los más destacados fueron Crackdown o Red Faction: Guerrila, que llevaban el tema de la destrucción al límite y la convertían en el centro de todo.
Just Cause 2 sigue en esa línea, y además mejora varios de los apartados clásicos del género: herramientas versátiles con las que generar caos de mil formas distintas, mapas enormes y detalladísimos y docenas de vehículos. Ahora bien, ¿es tan divertido como parece?
Rico, el nuevo McGiver
Este juego se explica a partir de ejemplos, aunque primero os tenemos que contar un poco con qué herramientas contamos.
Por un lado están las armas clásicas, que van desde pistolas a metralletas o lanzagranadas, rifles de francotirador o lanzamisiles. Luego tenemos un paracaídas que podemos abrir cuando queramos y que evitará que cuando saltemos de un avión nos convirtamos en una tortilla, y que también nos ayuda a planear para reconocer el terreno.
La más importante es, sin embargo, un gancho a lo Bionic Commando. Rico Rodriguez, el protagonista, puede dispararlo cuando quiera —es ilimitado— y tiene varios usos.
El más evidente es el de desplazamiento, ya que si nos enganchamos a una pared, árbol, roca… saldremos disparados hacia ahí y nos quedaremos pegados en esa superficie. Más o menos se alarga entre 100 y 150 metros, así que sus posibilidades defensivas son evidentes: huir como ratas cuando las peleas se ponen complicadas. También es útil para escalar edificios enormes o para engancharnos a helicópteros o coches en marcha y, luego, secuestrárlos.

Vayamos con la segunda aplicación, que nos ayudará en los ataques. Podemos lanzar el apéndice hacia un enemigo y lo arrastraremos hacia nosotros. Si está en lo alto de una torre, evidentemente, al militar de turno le espera una caída letal.
Y, por último, si dejamos apretado el botón del gancho lo pegaremos a una superficie. Luego lo movemos hacia otra y, entonces, las uniremos. ¿Para qué podría servir esto? Je, je. Ahora vienen los ejemplos.
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Comentarios (2) Hace 2 años
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Viiendo los saltos de Rico Rodriguez el salto del tigre carece ya de sentido como expresión en la intimidad del gamer. Los huevos de pascua viendo alguno desvelado ya por ahí parecen curiosos. Menudo puntazo algunos!
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A priori, un título sincero que se recrea en el aspecto jugable como pocos, siempre a favor del usuario.