Análisis de Gun Monkeys

En el despiadado universo del lejano futuro sólo hay guerra.

Gun Monkeys es el resultado de un salto al vacío por parte de Size Five Games, los desarrolladores de dos de las mejores aventuras gráficas de la última década: Time Gentlemen, Please! y Ben There, Dan That. Pasar de un género destinado a ser disfrutado por un único jugador a una arena online supone un trecho enorme, pero es un escollo que han superado con una buena dosis de beta-testing, apoyo en la comunidad y, sobre todo, muchas ganas de recuperar un tipo de multijugador que parecía totalmente olvidado.

En apenas cinco minutos de tutorial nos plantean un pequeño argumento que sirve de excusa para manejar a monos enfrentándose a tiros: dentro de unos años se inventa un artefacto que genera energía infinita, pero sólo es accesible en el futuro. Para recogerla, envían a monos entrenados en combate a través del tiempo. Y a partir de ese momento todo se convierte en una cruenta guerra por los recursos.

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Los combates son uno contra uno en pequeñas salas generadas aleatoriamente. Aunque el título del juego haga hincapié en las armas de fuego, lo cierto es que se aproxima más a un plataformas, en el que prima más la habilidad, maniobrando en el aire aprovechando el doble salto y rebotando contra las paredes, que la puntería, ya que sólo podemos disparar recto en la dirección en que estamos mirando, en lugar de apuntar con el ratón.

El objetivo es recoger unos pequeños cubos de energía y llevarlos al núcleo de energía donde nos regeneramos al morir. Podemos cargar hasta tres, y cuantos más llevemos a la vez, logramos mayor puntuación: un bloque puntúa 20 unidades de energía, pero tres dan 95. Si nos matan antes de llegar, los perdemos.

Size Five ha conseguido, al igual que en sus anteriores aventuras gráficas, capturar el espíritu de juegos de nuestra infancia sin necesidad de tirar del recurso de la nostalgia, tan solo mediante un diseño ejemplar.

En lugar de convertir el juego en una carrera a ver quién puntúa más, se le ha dado un punto de estrategia al introducir la regla de la conservación de energía: si uno consigue energía el otro la pierde. Si uno muere, recibe además una penalización extra para regenerarse, proceso que lleva unos segundos donde el otro mono tendrá vía libre para actuar. Es tan importante puntuar como asegurarse de que el rival no recoge fragmentos.

Además de la pistola con la que partimos, disponemos de una pequeña bomba que mata a todo lo que se encuentre en el mismo plano horizontal o por encima. Es un arma perfecta para organizar emboscadas, porque es difícil de ver en el fragor de la batalla, no hace ruido antes de explotar y es difícil de esquivar. No son infinitas, pero se regeneran con el tiempo. De vez en cuando caerán también del cielo cajas con armas especiales, al estilo Worms: podemos lanzar minas que solo puede activar el otro jugador, una pistola que lanza tres balas al estilo Contra, un rifle láser que atraviesa muros...

Al terminar la partida el ganador convierte los puntos en dinero que se puede invertir en habilidades que no llegan a romper el equilibrio jugable, pero sí permiten potenciar nuestro estilo de juego. Por el contrario, el perdedor resta de su cuenta aproximadamente una octava parte de lo que el otro jugador se ha llevado. Siempre serán menos que los 500 que pierde el que huye de la partida a mitad, una gran medida para evitar los ragequit. Este elemento de apuesta le añade fiereza a cada partida: no nos estamos jugando solo esa victoria, también la evolución de nuestro personaje.

Los encuentros son muy igualados, y casi siempre se deciden por los pelos, con alguna oportunidad perdida de dar un vuelco al marcador. Para incidir en este equilibrio, los escenarios se generan aleatoriamente, de manera que no existe la oportunidad de memorizar recovecos secretos o lugares que den ventaja. Al empezar la partida los dos jugadores parten con el mismo desconocimiento del terreno, y sin saber si nuestro primer movimiento nos va a lanzar contra una sierra. Aleatoriamente aparecen escenarios acuáticos, que requieren más técnica para dominar los saltos pero nos permite desplazarnos más distancia y los niveles con jetpacks, con los que podemos volar indefinidamente. Estos últimos son los más raros, y es una lástima porque añaden un punto más de desafío y habilidad.

Gun Monkeys es un multijugador que está pensado para jugarse con algún conocido: es fácil picarse durante horas haciendo revanchas, gracias a una base tan simple como sólida.

El matchmaking es bastante rápido y las conexiones son estables, pero no suele haber demasiada gente en los servidores. Es por ello que el desarrollador ha decidido incluir dos claves al comprar el juego, y la verdad es que se disfruta mucho más con amigos que con extraños, aunque solo sea por soltar algún insulto a mitad de partida o poder comentar las jugadas con confianza.

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Un multijugador fácil de entender y controlar incluso para gente poco entrenada en videojuegos, partidas rápidas e igualadas donde no está claro el vencedor hasta el último momento, la posibilidad de que el novato gane al experto... Gun Monkeys tiene todos los ingredientes para ser uno de esos juegos que sirven de excusa para invitar a alguien a casa y tirarse la tarde con pegando tiros hasta que se hace de noche. Incluye modo multijugador local, claro.

Es fácil olvidarse de la estupenda banda sonora del juego, que genera aún más sensación de apremio, cuando en el apartado sonoro tenemos los comentarios de Kevin Eldon, un gran actor secundario inglés al que habéis podido ver en la miniserie Dead Set: Muerte en Directo o en la película Hot Fuzz (Arma Fatal en su terrible traducción española) entre otras producciones. Además de narrar el tutorial, en mitad del combate hace algunos comentarios referidos a las armas, además de soltar algún "OOOOOOH" cuando uno de los personajes muere miserablemente, añadiendo mofa a la tragedia. Al poco tiempo nos sabremos todo su repertorio, pero es difícil cansarse de él. En el caso de que llegue ese momento, se pueden desactivar sus comentarios.

Gun Monkeys es un multijugador que está pensado para jugarse con algún conocido: es fácil picarse durante horas haciendo revanchas, gracias a una base tan simple como sólida. Size Five ha conseguido, al igual que en sus anteriores aventuras gráficas, capturar el espíritu de juegos de nuestra infancia sin necesidad de tirar del recurso de la nostalgia, tan solo mediante un diseño ejemplar.

8 / 10

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