Furia de Titanes

¿Furia de redactores?

Antes de analizar este juego os voy a realizar una pequeña confesión. Cuando Albert mandó a los mensajeros ninja que me avisaron de que en breves recibiría el videojuego de Furia de Titanes –probablemente una de las peores películas que he tenido que sufrir en unos cuantos años– en mi cabeza ya se estaba escribiendo el análisis. Sin concretar ningún aspecto ni nota, pero asumiendo que, vistos los malos augurios que creaban los penosos tráilers existentes y lo malos que suelen ser los juegos de película salvo contadas excepciones (aún peor cuando el material del que parten es tan bochornoso) empecé a crear un guión para el análisis.

Pero los planes nunca salen como uno desea, menos aún si no eres un dios o al menos corre por tus venas la sangre de uno de ellos. El juego ha salido decente (si eres de los que solo mira la nota no te molestes en pasar de página, tiene un 5, no te vayas a herniar por descubrir el porqué). Así que me toca borrar el guión que tenía y analizar esto desde cero.

El argumento de Furia de Titanes es el del mito de Perseo, pero mal. Vale, ampliamos un poco. Es el mito de Perseo pero mal, pasado por un filtro hollywoodiense. A ver qué tal esto: es el mito de Perseo pero mal, pasado por un filtro hollywoodiense que termina siendo ridículo hasta que Liam Neeson salva la película de la quema total y absoluta diciendo "¡LIBERAD AL KRAKEN!", frase que por cierto no aparece en el juego.

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Empecemos de nuevo. Perseo es hijo de Zeus y una humana, criado por unos pescadores al ser abandonado por su padre. Cuando la ciudad de Argos se rebela contra los dioses, éstos liberan monstruos por doquier, matando por el camino a la familia del pobre Perseo. Los dioses exigen que se entregue a Andrómeda, princesa de Argos, o Liberarán Al Kraken, bestia que fue capaz de derrotar en su día a los titanes, padres de los dioses del Olimpo. Perseo comienza la búsqueda del modo de derrotar a tan poderosa bestia para salvar a Andrómeda y vengarse de los dioses.

Cuando comencemos la partida, tras comprobar que por algún oscuro motivo no existe selección de dificultad, nos encontraremos con un hack & slash que bebe de las fuentes de God of War, sin intentar en ningún momento dismularlo. No os lo toméis como algo necesariamente malo, ya tenemos suficientes juegos "revolucionarios" que son reinterpretaciones de viejas fórmulas. A Furia de Titanes lo ves venir desde lejos, y en cierto modo es difícil que te defraude cuando desde el principio conoces sus intenciones.

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El juego solo cuenta con quince mapas, uno por escenario, común para todas las misiones que se desarrollan en él. Normalmente la primera vez que llegamos a un territorio apenas recorremos la mitad del mismo, y no lo veremos completo hasta que tengamos que pasar al siguiente. Mentiría si dijera que eso consigue eliminar la sensación de continua repetición.

Por suerte han conseguido apañarlo con un sistema de combate decente, que premia a quien juega bien y no es un incordio para los menos hábiles, aunque en cualquier caso el juego trata de ser lo más efectista posible, para que hasta jugando mal sea vistoso. Los botones de salto, golpe fuerte y golpe rápido no faltan a la ocasión, aunque en esta ocasión se introduce un elemento interesante: la absorción de almas.

La clásica barra de magia se obtiene absorbiéndola de los enemigos cuando éstos aparecen en color azul cuando los marcamos, de mayor intensidad conforme van perdiendo vida. Pero no es tan fácil como lo pintan: si el azul es tenue, absorberemos pocas almas y nos comeremos un contraataque bastante potente, que en ciertas criaturas es especialmente peligroso. No hablemos de los dos o tres momentos en que podemos quitársela a un jefe final.

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