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Análisis de Formula Fusion

Tipo de incógnito.

Un WipEout para PC, sin paños calientes, al que le faltan todavía horas de trabajo y una chispa de inspiración para acercarse al original.

Uno encara el análisis de WipeOut Omega y sabe aproximadamente por dónde empezar a rascar la superficie que envuelve a todos los juegos para llegar a los puntos más interesantes y menos explorados de su propuesta. El futurismo o las vanguardias en la arquitectura son dos ejemplos propios de esos hilos invisibles que articulan cualquier obra y la elevan, trascendiendo el mensaje más inmediato de velocidad y emoción para convertirlo en otro mucho más complejo e interesante. Al hablar de Formula Fusion pienso más en ese sketch de Martes y 13 en el que Millán intentaba cambiarle su paquete de "Detergente Gabriel" a una reticente ama de casa por otros tres del mismo producto, con el siguiente intercambio verbal:

"- ¡Pero si es lo mismo!
- Pero no es igual."

Quede claro de entrada que la comparación -la de WipEout con Formula Fusion, no la de este último con un detergente- no es gratuita. De hecho, los responsables de todo el diseño gráfico del juego son los mismos que trabajaron en su día con el Studio Liverpool para levantar una de las sagas más queridas y mejor recordadas de la plataforma de Sony. Y tampoco es que nos vayamos a quemar la mano si aseguramos que el éxito del Kickstarter que condujo a este juego a Steam fue precisamente la promesa de tener algo parecido corriendo en nuestros ordenadores. El problema es que, como señalaba jocosamente el surrealista sketch, que alguien te ofrezca lo mismo no quiere decir que sea exactamente igual.

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Para empezar, porque se nota que todavía tiene un largo camino por delante. Pese a que lo que tenemos delante es ya una versión final, su salida de early access ha resultado quizás demasiado prematura. R8Games sigue trabajando en él, como demuestran los numerosos parches que ha ido recibiendo en los últimos días, pero los numerosos bugs y la escasez de opciones añaden a esa sensación de obra inacabada que inunda todos los rincones del juego. Y aunque los problemas de rendimiento parecen haberse solucionado, dando paso a un apartado gráfico bastante espectacular en cuanto a texturas y modelados gracias al uso del Unreal Engine 4, hay determinados intangibles que elevan a uno a obra maestra y al otro a mera copia apañada.

Pese a que lo que tenemos delante es ya una versión final, la salida de early access de Formula Fusion ha resultado quizás demasiado prematura, como demuestran los numerosos bugs y la escasez de opciones.

Porque, y es algo en lo que es importante hacer hincapié, los juegos son muchos más que la diversión inmediata de naves circulando a velocidades imposibles, disparando bombas o activando escudos. Como en toda obra cultural, detrás se esconde el trabajo de uno o varios profesionales con el fin de proyectar mensajes o ideas más allá de lo evidente, a veces incluso de manera involuntaria. Pocos ejemplos hay mejores de esto que WipEout, un arcade aparentemente simplista que propone un concepto de carreras erigido sobre una filosofía de vanguardia italiana, con una estética que habla desde el pasado sobre el futuro en una paradoja temporal terriblemente estimulante. Formula Fusion, en comparación, se limita a presentar un concepto mucho más plano, con una historia que habla de escenarios post-apocalípticos, ciencia-ficción y lucha de clases sin que apenas se vea representada en sus escenarios o menús, fruto seguramente de imitar un concepto original y luego querer disimularlo.

Si nos centramos en el contenido más que en la forma las diferencias entre uno y otro son también notables. Como consecuencia de esa presentación precipitada de la que hablábamos antes, el juego adolece de pocas naves, circuitos o modos, por poner algunos ejemplos. Los 8 escenarios disponibles, aún con pequeñas variaciones, se antojan escasos de entrada e insuficientes al ver la similitud entre algunos de ellos. Tampoco la progresión, que permite mejorar y cambiar parámetros de las cinco naves disponibles a medida que ganamos carreras y conseguimos dinero, hace mucho por eliminar la sensación de tener una nave inferior durante las primeras horas y excesivamente superior una vez avanzamos. Hasta los modos, que van desde la clásica contrarreloj a convertirse en el último superviviente del circuito, se sienten poco inspirados y repetitivos por la falta de incentivos visuales y jugables.

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Formula Fusion ha sido capaz de extraer todo lo básico de su más inmediato referente y ofrecer una experiencia nunca antes vista en ordenadores, a costa eso sí de no mostrar una idea original ni aunque su vida dependiese de ello.

No todo es una mala copia, ojo. Si algo se le puede reconocer, casi al nivel del original, es una sensación de vértigo y agilidad muy lograda. En ese sentido, pese a insistir una y otra vez en que le falta redondez, es justo reconocer que R8Games ha sabido transplantar el núcleo de WipEout a una plataforma ajena, ofreciendo carreras frenéticas y sensaciones a nivel mecánico muy, muy parecidas a las que encontramos en PlayStation. De nuevo, es en detalles como la aleatoriedad del impacto de los misiles en las naves colindantes, en su poco inspirada y repetitiva música electrónica o en su sobria paleta de colores donde pierde irremediablemente el envite; pero también es cierto que el paso de los meses desde su anuncio le ha servido para refinar la fórmula desde un primitivo desastre inicial a una opción cada vez más competente y funcional.

Como homenaje/plagio, Formula Fusion ha sido capaz de extraer todo lo básico de su más inmediato referente y ofrecer una experiencia nunca antes vista en ordenadores, a costa eso sí de no mostrar una idea original ni aunque su vida dependiese de ello. Como juego independiente, un pobre desarrollo inicial ha ido dando paso a la obra que hoy tenemos entre manos, con una fórmula ya vista pero igualmente efectiva a la que solo la falta de contenido y las comparaciones directas le puede hacer daño. Teniendo en cuenta que sus responsables parecen seguir comprometidos con el devenir del juego es irónico que el futuro, tema muy presente en ambos, sea el único capaz de inclinar la balanza hacia la copia barata o hacia el exitoso sucesor espiritual que, de manera explícita o no, quiere desesperadamente ser.

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