El Padrino II

Don Nadie.

El primer juego de El Padrino (Electronic Arts, 2006) era horrible y estaba catastróficamente mal planteado de base. Lo atractivo de un juego basado en las películas de Coppola no es ser un matón vulgar que se ensucia las manos día sí día también. Lo interesante es ser un Don, es decir, alguien con la visión y el carisma suficiente como para comandar una famiglia. Alguien que viste elegante, que fuma puros, que se recluye en su estudio para meditar y al que saludan con respeto por la calle. Oh, Don Vito, ¿qué tal le va el día? ¿Quiere unas naranjas?

Está claro que de vez en cuando hay que desenfundar el arma; si no, ya me dirás cómo te haces respetar. Pero intentar igualar El Padrino con un GTA o un Saints Row, como hicieron, resultó en una de las peores ideas que recuerdo. Ya lo dice Michael en la película: “no siento que tenga que cargarme a todo el mundo, Tom. Sólo a mis enemigos”.

En esta segunda entrega se dieron cuenta —y me pregunto cómo tardaron tanto— de que tenían que incluir elementos estratégicos, de jerarquía, de negocio y de gestión de personal. Que lo hayan hecho bien es otra cosa.

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Puedes personalizar el aspecto de tu personaje al inicio de la aventura.

Empiezas creando a Dominic, el protagonista. Michael Corleone, desolado por la muerte de su mano derecha en Nueva York, Aldo Trapani, decide que eres el hombre indicado para cubrir esa vacante. A partir de ahí tendrás que ayudar a la familia en tres ciudades: Nueva York, Miami y La Habana. Estás en los años 50.

La forma de progresar en el juego es bien simple. Hay varias familias rivales que controlan negocios en cada ciudad: drogas, armas, prostíbulos... Tu objetivo es ir conquistando uno a uno esos locales e ir comiéndote su terreno. Tú te haces más fuerte y ellos se debilitan: primero, porque cuantos más negocios controles más dinero ganas y menos ingresan ellos. Y, luego, porque si posees todos los negocios de determinado gremio (todos los prostíbulos, por ejemplo) te dan bonus… y se los quitan a ellos. Los bonus pueden ser dinero extra, que las balas te hagan la mitad de daño… En este sentido está bien poner bombas en determinados locales de los adversarios para así cortarles esa ventaja y debilitarlos en vez de entrar a saco y encontrarte con un ejercito con recursos mucho mejores que los tuyos.

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Lo mejor del juego son los peinados de los malos.

Para evitar que los enemigos hagan lo mismo y que continuamente asedien tus posesiones contamos con la ayuda de los vigilantes, que cobran un dinero cada día pero que te guardan los establecimientos. También tenemos a los miembros de nuestra banda, parte esencial del juego. Los tienes que ir reclutando poco a poco y los hay de varios tipos: médicos, expertos en explosivos, expertos en cuerpo a cuerpo… cada una de esas especialidades aporta ventajas a la hora de tomar los negocios de las familias enemigas. El experto en explosivos permite que volemos paredes y entremos por la parte trasera. El “cables” que cortemos la electricidad y que no puedan pedir refuerzos. Con el dinero que vayamos ganando, además, es posible mejorar sus habilidades. Y a los que les tengas más cariño les puedes promocionar y subirlos un poco en la pirámide de jerarquías de la familia que estás creando.

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