Dead or Alive: Paradise

Se mira pero no se juega.

Dead or Alive: Paradise provoca dos sensaciones en el jugador; por un lado está la incredulidad que genera el encontrarse con todas las chicas de la serie DoA en una isla emergida de la nada en mitad del mar, llena de tiendas, piscinas, casinos y fur… esto… bikinis trazados al milímetro, bamboleando las berzas al son que marca y remarca el motor de física “realista” de Tecmo en cada uno de los títulos anteriores. Por otro lado está la profunda sensación de pérdida de tiempo que supone el no hacer nada frente a la pantalla de la PSP, mas allá de contemplar a las famosas “teens”, acompañarlas, complacerlas y de vez en cuando jugar algún que otro partido de voley con ellas.

La premisa del "juego" es bastante anodina, pasar dos semanas de vacaciones en la paradisíaca Isla Zack encarnando a una de las doce chicas del casting de DoA, disfrutando de las compras, de los trajes de baño ajustados y de las relaciones con el resto de huéspedes, amén de las excelentes vistas, la fotografía “artística” y la insinuación velada de los diálogos.

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Como simulador de voyeurismo pajero DoA: Paradise tiene un pase pero como alternativa lúdica para matar el rato es algo terriblemente plano y sin sentido. Los lugares de la isla que pueden visitarse son accesibles desde menús, en los que encontraremos desde centros comerciales y tiendas de regalos a distintas playas, localizaciones de interior o piscinas, en las que a menudo estarán el resto de chicas pasando el día.

La idea de Tecmo era plantear un simulador social de temática soft-ecchi de estos que causan furor en Japón, pero la verdad es que parece que no lo han conseguido a ojos del público occidental. Al fin y al cabo, ver pechos es algo que ya formaba parte del carisma de los títulos anteriores de la compañía. ¡Y para colmo se ven pobremente modeladas y con una carencia de detalles brutal!

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El hilo del juego se sostiene mediante los minijuegos, que sirven como nexo para hacer converger a las muchachas en distintas actividades. Las jornadas están divididas en día y noche; durante la mañana será posible elegir entre una pequeña lista de minijuegos de los cuales ninguno (salvo el volley-playa) son especialmente entretenidos. Todos ellos van de apretar botones, algunos con ritmo y otros no, pero en general la sensación de estar haciendo el tonto prima sobre el resto.

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