Bleach: Dark Souls

Frenéticas luchas anime.

Los aficionados al anime ya están acostumbrados a recibir los títulos de sus sagas favoritas de manga y anime años más tarde que en el país del sol naciente de donde provienen, pero a cambio se suele hacer una criba considerable de las enormes cantidades de morralla que allí salen. Ahora que la serie Bleach está empezando a pegar fuerte en nuestro país, comienza el consiguiente asalto de videojuegos de lucha basados en la licencia, como el Shattered Blade de Wii o el Blade of Fate, la primera entrega en DS. Este que nos ocupa salió en 2007, para que os hagáis una idea. Todos ellos sufrirán el estigma de ser infravalorados por parecer un mero producto de marketing, pero desde luego este título no merece ser tratado así.

Para los que no conocen Bleach, les haré un breve resumen de las dos primeras temporadas. La primera nos presenta a un joven, Ichigo, capaz de ver espíritus. Un día conocerá a Rukia, una shinigami (dios de la muerte en japonés), encargada de acabar con los espíritus que no fueron al cielo y terminaron odiando a los vivos hasta transformarse en unas bestias llamadas Hollows. Un pequeño accidente provoca que Ichigo se vea obligado a sustituir a Rukia como shinigami temporalmente, lo que posteriormente provocaría que ella fuera condenada a muerte en la Sociedad de Almas, algo así como el cielo. Ichigo se embarcará en una empresa casi imposible; derrotar a todos los shinigamis que se crucen en su camino para salvarla de la pena capital. Evidentemente cuenta con la ayuda de algunos amigos, todos ellos con algún poder especial. No fastidiaré el final de esta segunda temporada, pero para los que lo conozcan diré que el juego se sitúa justo después de lo que allí ocurre.

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El punto fuerte de esta segunda entrega para DS de Bleach es sin duda la gran calidad de sus combates. Frenéticos hasta el extremo, sólo en el modo de dificultad más fácil nos podremos permitir machacar botones –o la pantalla táctil, que nos permite ejecutar combos inmediatamente- para ganar. Enlazar los golpes, formando cadenas de decenas de los mismos, será la clave para llevarnos el gato al agua. Si somos hábiles lograremos unos combates fluidos y apasionantes. Además de los ataques normales, tenemos dos tipos de combinaciones: ataques especiales y super. Los primeros son más sencillos, pero menos poderosos y consumen poca presión espiritual. Los segundos son realmente devastadores y requieren de al menos una de las tres barras de presión completa. Algunos luchadores, como Ichigo, tendrán un super exclusivo: el Bankai, que nos transforma y dota de mucha más fuerza.

El juego incluso se permite el lujo de introducir pequeñas dosis de estrategia, al ofrecer la posibilidad de elaborarte una baraja personalizada con diversos efectos sobre el combate, desde ganar presión espiritual hasta impedir saltar al enemigo. Podría estar mejor implementado, ya que las opciones y los requerimientos para que una baraja sea válida pueden intimidar en un primer instante, llevándonos a dejar que la máquina sea la que elija. Un jugador hábil será capaz de entrever el potencial que atesoran estas cartas, con efectos muy importantes durante el combate.

Es evidente que como buen juego de lucha debe tener modo historia, aunque casi que se lo podrían haber ahorrado. El “guión”, por llamarlo de alguna manera, básicamente consiste en que ciertas almas modificadas (como la que habita en el peluche Kon) se han escapado y se han convertido en Hollows. En la mayoría de casos lucharemos contra enemigos clónicos, cuando no contra otros shinigami, siempre precedidos de unos diálogos que parecen escritos por un autor de fan-fictions de segunda.

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