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Análisis de Behold the Kickmen

El fútbol son nueve contra nueve y al final siempre gana Brasil.

Behold the Kickmen es un frenético arcade que no se queda en la mera parodia, pero al que le falta un poco más de ambición y contenido.

Una de las técnicas más eficaces que se emplearon en las vanguardias de principios del siglo XX para ofrecer una mirada radicalmente distinta al mundo fue el acto de 'extrañamiento' ('ostranenie' en ruso). La idea es, al menos en teoría, simple: presentar objetos o ideas que damos por sentadas en nuestras vidas de una forma inusual, es decir, convertir aquello común en algo 'extraño' a nosotros. Es un proceso interesante porque nos permite salir de la comodidad y percibir matices que pueden pasar desapercibidos en la vida diaria, descubriendo de nuevo significados ocultos en cosas que tenemos tan a mano como puede ser, en el caso de este juego, el fútbol.

Behold the Kickmen es lo nuevo del británico Dan Marshall (The Swindle, Time Gentlemen Please), una persona que no soporta el fútbol y que asegura no conocerlo mucho, pero que ha decidido crear un juego sobre dicho deporte. Nos propone partidos de muy distintos a lo que estamos acostumbrados: una arena circular sin fueras de banda donde los goles valen más cuanto más lejos se lanzan, donde podemos curvar la bola a mitad de lanzamiento y donde solo nos expulsan por golpear repetidas veces a jugadores sin balón o por estar en fuera de juego.

Tras un tutorial cargado de pullitas al deporte rey podemos lanzarnos al modo historia, donde seguimos el ascenso de un jugador del equipo desde lo más bajo de 'la gran tabla de cálculos británica' mientras se aviva su rivalidad con Pedro Brutus, delantero centro del Brasil United, e intenta averiguar bajo qué circunstancias falleció su padre. Su modo historia parece una parodia del modo El Camino de FIFA, aunque es aún más gracioso saber que todo estaba escrito desde antes de que dicho modo se anunciara. Lo tiene todo: un par de maromos tratando de ser aún más machitos que el otro, problemas familiares, hooligans descerebrados con ganas de partirle la cara a alguien y conspiraciones para ganar la 'Champion League'.

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Sí, 'Champion League'. Una de las cosas más divertidas de Behold the Kickmen es precisamente su acercamiento al fútbol desde la distancia. Cómo subvierte elementos más o menos conocidos del deporte desde la óptica de alguien a quien le importan un bledo. El equipo más conocido, el que siempre gana, es por supuesto Brasil... aunque se esté jugando la Liga Británica. Esto se traslada también a las normas, como el infame fuera de juego, que a falta de una explicación coherente se transforma en 'a veces no se puede estar en ciertos lugares del campo. Su visión se parece a la de las zonas prohibidas de Battle Royale: si estás en la zona marcada en rojo cuando se acabe el tiempo, uno de tus jugadores se irá amonestado con una tarjeta roja. 'Un crimen contra el fútbol ha sido cometido', reza el cartel.

Behold the Kickmen podría haberse quedado en la parodia, en reírse del fútbol y de todo lo que le rodea. Lo que le da valor es que decide no quedarse ahí y plantearse un deporte alternativo más divertido que el real.

También es cierto que muchos de esos chistes dependen de un cierto conocimiento del inglés. Por ejemplo, quizá a mucha gente se le escape el hecho el hecho de que Marshall cambie 'score a goal' por 'do a goal', pero desde dentro es un detalle bastante cómico, de la misma manera que la manía por llamar "foot ball" al propio balón, las normas escritas con inglés arcaico y similares. El aproximamiento de Behold the Kickmen al deporte resulta interesante porque es capaz de comprender qué es lo básico del deporte, qué puede eliminarse y qué podría cambiarse para que siguiese siendo el deporte estrella en el siglo XXII. Ofrece una mirada extraña y extrañada que sabe alejarse de algo que damos tan por sentado como el fútbol (o los videojuegos de fútbol), donde estamos tan concentrados en lo que es que muchas veces somos incapaces de plantearnos su potencial para ser otras cosas.

Sobre el campo, esto se traslada a partidos 9 contra 9 donde no manejamos a los porteros, que están ahí como peleles para recibir un gol detrás de otro. El resto de jugadores tienen que pasarse el balón a toda velocidad entre ellos para alcanzar la meta rival, ya que una vez conseguimos el dominio del balón nuestra velocidad se ve reducida enormemente y somos presa fácil para los defensas enemigos. Tenemos que dar buen uso a nuestras habilidades, como la esquiva, los lanzamientos curvos o las entradas, que funcionan como una especie de recarga activa: solo nos quedamos el balón si la entrada va hacia el mismo (en vez de pegarle al jugador) y si pulsamos el botón en el momento adecuado.

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En el modo historia la cosa tiene más chicha. No vale marcar, hay que hacerlo con estilo. Empezamos el campeonato siendo unos personajes con una velocidad horrible, sin posibilidad de realizar ninguna de las habilidades especiales de nuestros jugadores. Para desbloquearlas tendremos que ganar partidos, y una vez lo logremos tenemos que encadenar las habilidades antes mencionadas en rápida sucesión para aumentar un multiplicador que vuelve loca a la afición, lo cual se traslada en dinero.

Este dinero solo llega a nuestras arcas si logramos marcar el gol, e iremos perdiendo el multiplicador cada segundo que no tengamos el balón en nuestro poder. Una vez tenemos dinero, debemos invertirlo en mejorar la IA de nuestro portero, aumentar la potencia de los disparos o similares. Así, los partidos van ganando ritmo poco a poco hasta convertirse en algo parecido a un heredero espiritual de Sensible Soccer, lo cual es aún más evidente cuando probamos el modo Partida Rápida, ya sin restricciones.

Aunque solo he comentado bondades de este juego, no todo es perfecto. La IA rival es bastante impredecible: un rato juegan a un nivel decente, otro son unos inútiles consumados que casi te dejan pasar hasta dentro de la portería y otros juegan a una velocidad a la que es sencillamente imposible cazar el balón hasta que devuelven el balón a su campo y te marcan un gol que vale por tres. No ocurre en todos los partidos, pero sí suficientes veces como para que sea molesto.

A Behold the Kickmen le falta ser consciente de su potencial para convertirse en un gran multijugador local, un poco de ambición para ser algo más que un juego gracioso vendido a precio de saldo. El esqueleto sobre el que se levanta se merece algo más que eso.

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Sin embargo, el mayor problema de Behold the Kickmen es su falta de ambición. Se nota que es un proyecto de pequeña magnitud, nacido entre una Game Jam y un chiste de Twitter, por lo que se puede entender es un juego a medias entre su anterior proyecto grande (el recomendable The Swindle) y el siguiente. No me quejo aquí de calidad, sino de cantidad. Una vez terminamos el modo historia, queda poco que hacer. El modo partido rápido es divertido, pero es para un solo jugador. A este juego le vendría genial la posibilidad de un modo multijugador local, aunque visto el uso extensivo de las cámaras lentas (que afectaría mucho a un gameplay compartido) es probable que necesitase bastante trabajo de refinamieno detrás.

Su propio autor lo deja claro en la página de la tienda que no implementar este modo es una decisión personal. "Querìa hacer un juego para un jugador y no multijugador". Puedo entender dicha decisión, pero al final reduce bastante la vida del juego. Una vez terminado el modo historia, solo nos queda jugar partidas rápidas contra la máquina. No hay torneos, retos ni nada que se le parezca que alarguen un poco la vida del juego. Quizá sea la mejor opción para que su humor no termine por quemarse, pero creo que el material base de este juego daba para experimentar mucho más.

Behold the Kickmen podría haberse quedado en la parodia, en reírse del fútbol y de todo lo que le rodea. Lo que le da valor es que decide no quedarse ahí y plantearse un deporte alternativo más divertido que el real. Le falta ser consciente de su potencial para convertirse en un gran multijugador local, un poco de ambición para ser algo más que un juego gracioso vendido a precio de saldo. El esqueleto sobre el que se levanta se merece algo más que eso.

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