Battleforge

Tengui... tengui... tengui... ¡Falti!

Aprovechando que Electronic Arts anunció ayer mismo que su juego BattleForge pasaba a estar de disposición de todos los usuarios de forma gratuita os hemos preparado un completo análisis de este curioso híbrido de RTS, juego cartas y MMO. Os recordamos además que Eurogamer.es es la página de la comunidad oficial del juego y que para resolver todas las dudas sobre el mismo os hemos preparado un documento que esperamos os sea de mucha utilidad para los que os adentréis en su mundo con esta nueva versión.

 

Lanzar una nueva franquicia supone siempre un reto más que considerable para cualquier compañía, incluso para una como Electronic Arts. La cantidad de tiempo, esfuerzos y recursos que se comprometen en una empresa como ésta es siempre inmensa y casi siempre, en principio, deficitaria. Es por esto que, cuando una IP nueva llega al mercado, hay que valorar qué planteamientos son los que le sirven de fundamento. En el caso de BattleForge (Phenomic Studios), la apuesta es por una mezcla triple: estrategia en tiempo real, juego online, coleccionismo de cartas. Sin duda son tres elementos atractivos pero hay que ser un buen equilibrista para lograr buenos resultados, sobre todo cuando la competencia en cada uno de los sectores es tan variada y está tan consolidada.

BattleForge propone una ecuación intrigante: su elemento principal es el combate estratégico en tiempo real. Esto quiere decir: escenarios, gestión de recursos, despliegue de tropas, unidades con movimientos especiales, objetivos múltiples, tareas contrarreloj, niebla de la guerra… Elementos todos ellos clásicos ya en el género, pero que se verán aderezados principalmente por el otro gran polo del juego, que es el toque de coleccionismo à la Magic. Es la introducción de este mecanismo el que obliga a repensar la disposición y la idoneidad de todos esos ingredientes clásicos del RTS, de modo que jugar a BattleForge suponga una experiencia cualitativamente diferente a jugar con cualquier otro de los muchos RTS que se ofrecen en el mercado de los compatibles.

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Entre ambos polos, como el eje que permite girar al engranaje, el juego online: sólo gracias a él podría sustentarse un título como BattleForge, y es todo un acierto haberlo sabido ver desde el comienzo y, por ello mismo, haber decidido desde el principio que el juego online de BattleForge fuese gratuito. Sin suscripciones ni cuotas, con una instalación limpia, fácil y directa, sin obstáculos ni impedimentos burocráticos, la toma de contacto con BattleForge resulta feliz y, a diferencia de muchas otras experiencias recientes, nada frustrante. Apenas un rápido registro y… ¡a jugar!

El obligado tutorial nos permite apreciar el muy decente nivel técnico del juego. Es cierto que no estamos ante un grandioso portento de características épicas, pero el acabado gráfico es encomiable por varios motivos, comenzando por el mero hecho de que BattleForge es un título pensado para alcanzar a u público amplio y, por ello se han optimizado los recursos al máximo, ofreciendo muy buenos resultados sin necesidad de apelar a la intervención de PCs de alta gama. Pero, más allá de eso, también lo es por las inteligentes elecciones que se han sabido tomar en cuanto al diseño general del juego. Tanto los escenarios como las tropas y los elementos de juego resultan atractivos no sólo por la brillante y luminosa paleta de colores que se ha empleado, sino también por las animaciones, perfectamente distinguibles y personalizadas. Cada criatura que invoquemos, cada grupo de guerreros que enviemos al combate está habitado por un hálito de carisma que es realmente algo que se agradece.

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Pero la estrella son sin duda los colores y los diseños artísticos de las criaturas. Mientras vamos aprendiendo a controlar a nuestras tropas, a enviarlas a la batalla, a activar los pozos de poder y demás detalles del juego, nos familiarizaremos también con la idea de hacer uso de nuestra baraja y los cuatro tipos de cartas que en ella podremos encontrar, cada tipo asociado a un color: rojo para el fuego, azul para el hielo, morado para el espíritu y verde para la naturaleza. Desde luego, esta presentación cromática clásica es deudora de evidentes influencias, pero se han sabido combinar las diversas gamas de color de manera que, como en un mismo ejército terminarán por coincidir tropas de los diferentes tipos, el conjunto no resulte en una mera amalgama de figuras cruzando la pantalla. La impresión de ver nuestro ejército en un momento álgido, en mitad de un enfrentamiento a gran escala, siempre resulta armónica y equilibrada: en todo momento podremos identificar a simple vista nuestras tropas de las tropas enemigas y eso, como sabe todo aficionado a la estrategia, es absolutamente vital.

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