Análisis de Killzone: Shadow Fall

El nuevo mundo de Guerrilla.

Soy consciente de que es una opinión que no comparte mucha gente, pero sigo recordando Killzone 2 como una de las experiencias más impresionantes de la generación de consolas que estamos dejando atrás. Una vez asentada la polvareda provocada por el escándalo del E3 2005 te encontrabas no sólo ante una excelsa demostración técnica de fuerza bruta, sino también frente a un contundente juego de acción en primera persona con una personalidad propia muy bien definida. Esto, desgraciadamente, es algo que no creo que pueda decir de Killzone: Shadow Fall dentro de unos meses; una vez superada la sorpresa inicial que provoca su apabullante apartado gráfico lo que queda es un shooter solvente, pero en ningún caso memorable.

Shadow Fall, reconozcámoslo, parte de un planteamiento bastante interesante a nivel de historia, ambientándose varias décadas después de los sucesos narrados en Killzone 3. Con el planeta Helghan totalmente arrasado, la acción se traslada a Vekta, donde se vive una especie de guerra fría entre los humanos, asentados en una limpia y luminosa ciudad futurista, y los Helghast, refugiados en unos decadentes suburbios separados por un gran muro. Si hasta ahora Killzone era una visión futurista y descarnada del régimen nazi durante los compases más agrios de la segunda guerra mundial, en esta nueva entrega Guerilla apuesta por la tensa división post-1945 de Berlín, e incluso por un incómodo paralelismo con la situación que se vive actualmente entre Israel y Palestina.

El estudio holandés parece querer aprovechar este nuevo mundo, donde la línea que separa a buenos y malos es más difusa que nunca, para ofrecer una variedad mucho mayor que en las anteriores entregas. Esto es evidente ya en los dos primeros niveles: en la introducción, aún siendo relativamente larga, no se dispara ni un solo tiro, y en la segunda misión la estructura lineal habitual en el género deja paso a un gran escenario abierto donde puedes apostar por el sigilo o la confrontación más directa. Más adelante, entre tiroteo y tiroteo, también hay secciones más pausadas o paseos en gravedad cero, e incluso una visita a una estación espacial en la que Lucas Kellen, el protagonista, se transforma en una suerte de ingeniero a lo Isaac Clarke llevando bidones de petrusita de un lado a otro.

"Una vez superada la sorpresa inicial que provoca su apabullante apartado gráfico, lo que queda en Killzone: Shadow Fall es un shooter solvente, pero en ningún caso memorable."

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En cierto modo se agradece que Shadow Fall intente ir más allá de simples situaciones en las que vaciar con furia el cargador de tu ametralladora, pero el ritmo de la campaña se resiente bastante por ello. Hay momentos ciertamente inspirados, pero abunda el relleno y la mayoría de misiones parece alargarse en exceso; tan pronto te encuentras ante una interesante situación en la que debes rescatar a varios rehenes como en una insulta tarea de escolta. Las ocho horas de duración del modo historia cumplen (si obviamos sus altibajos y un final decepcionante), pero jamás parecen destacar por nada concreto ni consiguen igualar la intensidad de muchos shooters de la competencia - o del propio Killzone 2, sin ir más lejos.

Otro de los problemas reside en que Guerrilla muchas veces no sabe o no quiere decirte qué debes hacer, o cómo hacerlo. El indicador de objetivos es muy poco explicativo, y si a eso le sumas el gran tamaño de algunos niveles y algunas caídas que provocan una muerte inexplicable, el resultado es verte en más de una ocasión perdido por el mapa sin saber muy bien a dónde ir. El peor ejemplo de abandono a tu suerte está en el octavo capítulo, con una demencial secuencia en caída libre donde ni se te indica el camino ni los controles responden bien, lo cual deriva en una frustrante prueba de ensayo y error que tranquilamente puedes verte obligado a repetir un par de decenas de veces.

En otros aspectos, en cambio, acierta casi de pleno. De Shadow Fall me ha gustado especialmente la sólida contundencia de las diferentes armas de fuego, o que las tropas Helghast supongan un reto más por su actitud que no por el número de soldados que compongan las oleadas. Su IA no es especialmente elaborada - no en cuanto a lo que uno esperaría de una nueva generación de consolas, al menos - pero a partir del nivel de dificultad medio sí flanquean y se agrupan con bastante mala idea. Es una lástima que las mecánicas de sigilo y la habilidad de eco táctico (para resaltar enemigos ocultos tras paredes) sean relativamente ineficientes, porque este componente podía dar muchísimo más juego y al final se queda un poco a medio camino.

"Killzone Shadow Fall es el juego de lanzamiento que mejor representa el enorme salto en calidad gráfica que trae consigo PlayStation 4."

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Curiosamente, muchas de las otras sorpresas agradables giran alrededor del DualShock 4. La primera es el control propiamente dicho, mucho más preciso y agradable que en anteriores Killzone al verse beneficiado por una ergonomía y comodidad muy superiores a las que ofrecía el mando de PS3. La segunda es un dron llamado BUHO que controlamos con el touchpad y el botón L1; este dispositivo multifunción abre nuevas posibilidades jugables al poder usarlo como tirolina (tipo el guiño de Dishonored), como escolta con fuego de cobertura, para desplegar un escudo o hackear terminales, para emitir descargas de pulsos electromagnéticos que desactiven escudos y alarmas e incluso como médico que te resucite si llevas encima una jeringuilla de adrenalina. Finalmente tenemos detalles peculiares como el audio de los coleccionables, que se reproduce en el pequeño altavoz del mando en vez de junto a la mezcla general que escuchamos a través de los altavoces del televisor. No siempre podemos decir que estos gimmicks se implementen con acierto, pero en esta ocasión debemos aplaudir el buen hacer de Guerrilla.

Tampoco le puedes negar a Shadow Fall que sea un estupendo tour de force para demostrar la capacidad gráfica de la nueva máquina de Sony. Más allá de los números (la imagen es nitidísima al renderizarse a 1080p, y el frame-rate se mueve mejor de lo esperado, por encima de 30FPS en la campaña), lo que de verdad impresiona del trabajo de Guerrilla son los avances en iluminación, efectos, shaders y detalle de los escenarios. Estamos, sin duda, ante un título que justifica sobradamente a nivel técnico el salto a la nextgen, con un apartado visual que tan sólo el rotundo Battlefield 4 de DICE es capaz de igualar. Hay un detalle, eso sí, particularmente molesto: la sincronización labial. Se nota muchísimo que es la inglesa y que no se ha adaptado a la localización al castellano (por lo demás bastante buena), un defecto que me temo vamos a ver con bastante frecuencia en la nueva generación si las distribuidoras de nuestro país no se ponen las pilas.

El multijugador opta por una estructura - las Zonas de Guerra - un tanto peculiar, ofreciendo un total de diez mapas diferentes bastante variados, tres clases de personaje (asalto, explorador y apoyo), loadouts altamente personalizables, gran parte del equipo disponible desde la primera partida y hasta veinticuatro jugadores simultáneos. La gracia está en que las Zonas de Guerra son altamente personalizables y permiten generar infinidad de modos de juego en base a la configuración de multitud de parámetros, y reducen los tiempos de espera al ir rotando de forma automática. De serie Guerrilla ya ha instaurado varias Zonas de Guerra con modalidades estándar (capturar la bandera, deathmatch, etcétera), pero será interesante ver como en un futuro los usuarios juegan con restricciones y diferentes combinaciones de atributos.

"Shadow Fall cumple con creces como título de lanzamiento para PlayStation 4, pero en cierto modo da la sensación de ser un paso atrás para la franquicia de Guerrilla al perder parte de esa personalidad que lo hacía especial."

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Con servidores dedicados, un frame-rate que se eleva hasta 60FPS - lo cual redunda en un control más fluido y preciso - y más de mil retos diferentes ligados a armas, clases y modos de juego, el online de Killzone: Shadow Fall tiene suficiente contenido (al que se sumarán futuros mapas adicionales que serán totalmente gratuitos) para mantener entretenida a la comunidad durante bastante tiempo, ofreciendo incluso un modo de entrenamiento offline con bots que resulta bastante útil para acomodarse al estilo de juego y empezar a explorar las posibilidades de configuración de las Zonas de Guerra. Optar por los retos en vez de los tradicionales niveles de experiencia y por un enfoque jugable más cercano al trabajo en equipo de los Battlefield que a la acción desenfrenada de Call of Duty es sin duda una decisión acertada, que ayuda a diferenciar un poco el modo multijugador de otras propuestas más ordinarias.

Shadow Fall cumple con creces como título de lanzamiento para PlayStation 4, especialmente a la hora de demostrar las bondades técnicas de la nueva consola de Sony, pero en cierto modo da la sensación de ser un paso atrás para la franquicia de Guerrilla al perder parte de esa personalidad que lo hacía especial y diferente al resto. El multijugador sorprende por su solvencia (aunque su éxito dependerá de la existencia de una comunidad bien asentada, algo complicado con CoD: Ghosts y Battlefield 4 ya en las tiendas), pero la campaña es por lo general insulsa y poco inspirada, con un ritmo más que discutible. Este nuevo Killzone es, en definitiva, una opción recomendable para estrenar tu flamante PS4 y descubrir de qué es capaz, pero dentro de unos meses lo olvidarás en favor de otros títulos mucho más redondos.

7 / 10

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