Análisis de Game & Wario

Un giro de tuerca, pero no a mejor.

Docenas de microjuegos dejan paso a un puñado de minijuegos que son más largos y complejos, sí, pero también mucho menos divertidos en su conjunto.

Hay algo que debe quedar muy claro desde el principio para evitar chascos y malentendidos: Game & Wario no es un WarioWare al uso.

En otras palabras, no esperes de él una colección con docenas de alocados microjuegos de cinco segundos de duración. En vez de repetir la estructura de sus antecesores y su embriagador ejercicio de deconstrucción jugable, Game & Wario opta por ofrecer dieciséis minijuegos tradicionales más largos y un poco más complejos (doce para un jugador y cuatro para jugar con amigos) que intentan demostrar las posibilidades del GamePad de Wii U, en lo que bien podría ser un NintendoLand bajo los efectos del LSD. Sobre el papel no suena mal, pero a efectos prácticos es una nueva dirección que no da tan buen resultado y pierde bastante personalidad en el camino.

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Quizás resulte inevitable por su nuevo enfoque, pero lo cierto es que la calidad e inspiración de estos minijuegos es muy irregular. En el grupo de los aburridos está Patchwork, un soso puzzle en el que las ninjas Ana y Kat crean objetos pixelados utilizando retales geométricos, y Design, un simple pasatiempo en el que el doctor Crygor nos ordena dibujar líneas y figuras con un tamaño concreto en la pantalla táctil. Ski y Arrow, en cambio, destacan más bien por ser versiones recicladas de algunos de los minijuegos que ya vimos en NintendoLand: en el primero guiamos a Jimmy usando el giroscopio para bajar una pendiente (lo cual es más o menos lo mismo que controlar la nave de Captain Falcon's Twister Race), mientras que el segundo es una versión más elaborada (y también más entretenida, gracias a los enemigos finales) de Takamaru's Ninja Castle. El peor de todos, en cualquier caso, es Kung Fu, una especie de Doodle Jump con perspectiva cenital que acaba resultando tan tedioso como exasperante.

Quizás resulte inevitable por su nuevo enfoque, muy alejado de la mecánica tradicional de los WarioWare, pero lo cierto es que la calidad e inspiración de los minijuegos de Game & Wario es bastante irregular.

Otros, con más acierto, sacan a relucir tanto la imaginación de los diseñadores de Intelligent Systems como las bondades del GamePad de Wii U. Shutter, con la paparazzi Mona como protagonista, nos encarga hacer fotografías de sospechosos, usando el mando tableta como si fuese una cámara con teleobjetivo mientras en el televisor vemos todo el escenario en la lejanía. Taxi hace algo parecido: en la tele nos muestra un mapa mientras con el GamePad guiamos el coche de Dribble y Spitz para recoger animales y destruir ovnis. Pero la demencia más absoluta se desata con Pirates, un juego rítmico en el que paramos con el mando las flechas que lanzan los barcos del Capitán Wario y que termina con una delirante secuencia de pasos de baile.

Pero el mejor de todos los minijuegos es, sin duda, Gamer. Aquí sí regresa parte de la esencia de WarioWare: la madre de 9-Volt le ordena irse a dormir, y nuestro objetivo será superar varios microjuegos en el GamePad mientras observamos la habitación en el televisor y nos escondemos bajo las sábanas cuando nuestra progenitora hace acto de presencia asomándose por la puerta o la ventana. Gamer no sólo es hilarante por su ambientación, sino que también resulta bastante tenso (la madre está representada como si fuese una especie de caricatura de la niña de The Ring) y hace un trabajo estupendo a la hora de demostrar las posibilidades del uso simultáneo de la pantalla del GamePad y de la tele a la que está conectada la consola.

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Lo que empezó como un revolucionario ejercicio de diseño jugable ha ido evolucionando entrega tras entrega en una especie de demostración de las peculiaridades del control de cada nueva consola de Nintendo. Game & Wario tiene mucho de eso, pero con un estilo más rutinario y menos cohesivo.

Por lo general el control responde bastante bien, aunque en determinados minijuegos el GamePad puede reaccionar de un modo bastante molesto. En Kung Fu, por ejemplo, el giroscopio peca de falta de precisión, aunque la peor parte se la lleva Pirates: el mando tiende a recalibrarse de forma automática, con lo cual la posición del centro varía de forma caótica a lo largo de la propia partida generando tantos fallos como frustración en el jugador. Es la principal pega que le podemos poner a un juego que en lo técnico es sobrio, pero también bastante cumplidor y que se beneficia en gran medida de un estilo visual particular, sí, pero no carente de atractivo.

A nivel multijugador apenas tenemos cuatro minijuegos, Disco, Fruits, Island y Sketch, más un insulso Pictionary a través de MiiVerse. Excepto el primero, todos ellos pueden ser jugados por hasta cinco personas usando un único GamePad sin necesidad de echar mano de WiiMotes y otros accesorios, algo que probablemente agradecerán algunos jugadores pero que limita seriamente sus posibilidades. Esto queda especialmente patente en Disco, un minijuego musical en el que tocamos notas para enviárselas al otro jugador, y que al final queda sensiblemente lastrado por culpa de la ausencia de un panel multitáctil en el GamePad de Wii U.

Con tan sólo doce minijuegos individuales, Game & Wario trata de alargar su vida útil implementando en cada uno de ellos sorpresas, nuevos niveles y modos que incitan, con relativo éxito, a volver a ellos varias veces. Más interesantes, en cambio, son los cientos de coleccionables que podemos desbloquear usando las monedas obtenidas en los minijuegos principales, un apartado donde los diseñadores dan rienda suelta a su imaginación para regalarnos pequeños extras que casi se pueden catalogar como pequeños sketches de comedia interactiva y que, a su vez, son también curiosos experimentos audivisuales donde la locura y la lisergia van casi de la mano.

Lo que empezó como un revolucionario ejercicio de diseño jugable ha ido evolucionando entrega tras entrega a una especie de demostración de las peculiaridades del control de cada nueva consola de Nintendo. Pero mientras Touched o Smooth Moves mantenían intacto el espíritu del primer WarioWare haciendo un uso brillante de la pantalla táctil de DS y del sensor de movimiento del WiiMote, Game & Wario da un paso atrás para optar por una estructura más rutinaria, con una desigual selección de minijuegos que se antoja algo escasa. Puede que eso valga para que te lo pases bien un par de horas, pero desde luego no da para mucho más y no es precisamente lo que necesita ahora mismo Wii U.

6 / 10

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