Análisis de Diablo III en consolas

Mejor en compañía.

Tras un año de su aparición en PC, Diablo III, llega a las consolas de sobremesa con las pilas cargadas y los pies en el suelo. Blizzard ha conseguido mejorar el juego original con unos pocos ajustes capaces de dar al juego una nueva dimensión.

Versión probada: PlayStation 3

Sinceramente, cuando me enteré de que Diablo III saldría en consolas no me alegré especialmente más que por el hecho de que ahora lo podría jugar con las comodidades que ofrecen estas plataformas, pero nada más. No se me ocurría cómo podía mejorar el juego en su adaptación más casual, por llamarlo de alguna manera, y, de hecho, se me ocurrían un motón de formas por las que podía empeorar. Pero Blizzard me ha dado un bofetón y me ha sentado en mi sitio. Sorprendentemente, dejando a un lado el apartado técnico, Diablo III es mejor en varios aspectos en consolas que en PC -toma ya.

La desarrolladora estadounidense ha sabido hasta dónde tenía que cortar y dónde tenía que añadir para que la adaptación a las consolas se sintiera lo más cómoda y natural posible. Quizás esa sea la clave del éxito de esta versión; durante todo el tiempo que he jugado he tenido la impresión de estar jugando a un juego hecho para consolas. Los rastros de la versión de PC han sido muy bien ocultados.

Para empezar, seguramente, la modificación más importante y llamativa sea la eliminación de la casa de subastas, tanto de dinero virtual como real. Por un lado este tipo de herramientas no es algo con lo que los usuarios de consolas estén muy familiarizados y por otra parte bastantes quebraderos de cabeza ha dado ya el pago con dinero real a Blizzard como para volver a intentarlo. La versión de PC, aunque en general obtuvo buenas críticas, no se libró de la ira de ciertos sectores de la comunidad por temas como la dichosa conexión permanente (eliminada en esta versión) o el pago con dinero real en la casa de subastas que acabó desvirtuando la economía del juego. Así que ahora el dinero que recogemos durante nuestras partidas (solo con pasar por encima) tiene mucho más valor que en la versión de PC y, además, se ha ajustado la localización de objetos. Los enemigos sueltan menos objetos pero estos van más acorde con el nivel del enemigo que en la versión de PC. Encontraremos menos cosas, pero cuando lo hagamos serán más importantes.

La otra gran novedad es la inclusión de un modo multijugador local para hasta cuatro jugadores que, además, puede combinarse con el online; es decir, podemos jugar dos desde una consola en una misma casa y otros dos desde otro lugar mediante internet. Este es el otro punto determinante que hace que la versión de consolas cobre un mayor significado. Jugar con amigos en casa -puede parecer una tontería- mejora la experiencia significativamente y supone un nuevo incentivo para volver a Diablo III una y otra vez. ¿O es que no habéis visto el anuncio?

La implementación del modo es perfecta, solo con pulsar el botón start otro jugador puede unirse a la partida automáticamente tras elegir su perfil. De este modo cada jugador puede usar su personaje manteniendo el nivel y los objetos. Siempre -o casi- es mejor jugar en compañía y más vale que estéis hechos a la idea de lo que esto conlleva porque no hay pantalla partida, así que no podemos alejarnos demasiado del resto de jugadores y cuando alguno entra en el menú todos los demás tienen que esperar. Así que nada de montárselo cada uno por su lado.

Pese a que el looteo sea compartido y las nuevas opciones para equiparnos con los objetos encontrados de forma inmediata, solo pulsando un botón de la cruceta, en muchas ocasiones resulta pesado -sobre todo si sois cuatro- tener que esperar a que cada uno compruebe su equipo, vaya al herrero o demás tareas rutinarias básicas para avanzar. Esto y la nueva forma de auto-resurrección, con la que los jugadores caídos pueden volver a la acción automáticamente pasados unos instantes, son los únicos puntos negros del multijugador. Pese a ellos, si no le damos más importancia de la que merecen, disfrutaremos con este modo más que con ningún otro.

Si un día acabáis aburridos de matar siempre a los mismos demonios podéis probar las Refriegas, un modo en el que podréis luchar contra el resto de jugadores pero, la verdad, no os lo recomiendo. No es un terreno donde se desenvuelva bien Diablo. Los combates suelen ser muy desequilibrados y nunca acaban de funcionar. Mejor codo con codo que cruzar las espadas.

"Los menús del personaje, ahora radiales, se adaptan muy bien al modelo, casi estandarizado, del doble joystick."

Diablo III no solo se deja jugar en consolas si no que ofrece todas las comodidades posibles para que, si contáis con las dos versiones, os planteéis si no es mejor jugar en consola sin Battle.net y su conexión permanente de por medio o la casa de subastas con los ricachones comprando equipamiento a lo Florentino frente a las facilidades que ofrece la consola, en todos los sentidos.

Los controles y la interfaz, en la línea de todo lo dicho, también se han adaptado bastante bien a las virtudes y carencias de las consolas. Jugar con el mando resulta cómodo desde el primer momento y Blizzard no se ha conformado con asignar cada tecla a un botón del pad sino que ha aprovechado el stick derecho de los mandos de Playstation 3 y XBOX 360 para implementar un nuevo movimiento de evasión, a lo Kratos. De nuevo no tenemos la impresión de estar ante un juego de PC, Diablo III no se olvida nunca de dónde está jugando a sabiendas de que un despiste en el control, totalmente personalizable, por cierto, puede resultar fatal.

La interfaz en pantalla también nos permite configurarka a nuestro antojo, casi como en la versión de PC, y los menús de los personajes, ahora radiales, se adaptan muy bien al modelo, casi estandarizado, del doble joystick. Eso sí, si venís de la versión de PC al principio puede que os desconcierte un poco esta nueva visión de los menús sin la típica cuadrícula para acumular objetos; ahora simplemente tenemos una lista con un límite de sesenta. Pero pese a que la organización sea un poco distinta todo sigue igual que antes. El sistema de desarrollo y equipamiento del personaje es exactamente igual que en la versión de PC, con las habilidades principales, las pasivas y las runas.

Blizzard ha aprovechado el tiempo que ha pasado desde el lanzamiento de la versión original del juego, en mayo del año pasado. Diablo III viene con todas las actualizaciones y errores corregidos con ciertos parches o actualizaciones por lo que el modo Leyenda, por ejemplo, el incentivo para seguir mejorando tras llegar al nivel máximo (60), sigue presente. Eso sí, pese a seguir contando con los cuatro modos de dificultad principales (Normal, Pesadilla, Inferno y Averno) ahora, en vez de diez, hay ocho subniveles de dificultad.

El otro recorte -obvio- es técnico. Pese a que sigue siendo un juego muy agradecido a la vista y cómodo de jugar la tasa de frames y el nivel de detalle, así como la resolución, han bajado bastante. Incluso cada cierto tiempo da un pequeño tirón, aunque suponemos que solucionarán este bug con algún parche.

Diablo III para consolas siempre es consciente de dónde está y nunca es incoherente con su nuevo contexto. Es cómodo de jugar y se ha quitado de encima algunos de los mayores inconvenientes de la versión de PC. Pese al bajón gráfico, el multijugador local y el resto de ajustes hacen que compense jugar en consola y, además, siempre nos pone las cosas fáciles para que nos metamos en su mundo. No se avergüenza de sus concesiones y mejora al original; no podíamos pedirle mucho más.

9 / 10

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