Call of Duty: Black Ops

Golpe en la mesa de Treyarch.

Si Treyarch ha estado siempre a la sombra de Infinity Ward ha sido por la dinámica de desarrollo que se ha venido dando; los segundos hacían algo y Treyarch les copiaba mal. Tomaban malas decisiones, no sabían entender demasiado bien cuáles son las claves de la saga. Por suerte, ya sea por la experiencia que tienen o por el dinero que les han inyectado, Call of Duty: Black Ops no da pasos en falso... y eso ya es más de lo que muchos esperábamos. Y no solo no han estropeado un fantástico legado con decisiones de diseño estrambóticas, como en World at War: han sabido mejorarlo y dar algunos pasos adelante, sobre todo en el multijugador.

La campaña es sorprendentemente larga y divertida, y ronda las 7-10 horas. Durante la mayor parte de la trama llevamos a Alex Mason –no confundir con Alec Mason, que ese es el de Red Faction: Guerrilla-, uno de los agentes que estuvo presente en algunas de las operaciones especiales más importantes del ejército americano durante la época de la Guerra de Vietnam y de la Guerra Fría.

Alex empieza la historia atado a una silla y atiborrado de drogas, escuchando voces que salen distorsionadas por altavoces herrumbrosos y frente a unas pantallas que muestran números, caras y secuencias aparentemente sin sentido. Aquí viene la primera crítica fuerte al muy mal doblaje al español, ya que no se puede cambiar de idioma -por lo menos en Xbox 360-, por lo que nos perdemos la actuación de actores de la talla de Gary Oldman y debemos conformarnos con voces mal forzadas y una horrible sincronización labial, ni poner subtítulos, cosa que nos impide enterarnos de la misa a la mitad ya que el volumen está desajustado. Bastante imperdonable. En todo caso, sigamos, el interrogatorio al que es sometido se utiliza de excusa para saltar de época en época y de lugar en lugar: "Alex, recuerda, ¡los números!". Desde Vietnam a Cuba, la URSS, la Segunda Guerra Mundial...

El guión es malo, e incluso tiene pasajes de los que podríamos afirmar que son ofensivamente malos, como el encuentro con Castro. Donde Infinity Ward supo generar una polémica interesante –la escena del tiroteo en el aeropuerto en Modern Warfare 2- Treyarch falla estrepitosamente con tretas infantiles y de una desoladora inmadurez. Por suerte ese guión no está pensado para ganar en el Festival de Cannes, y podremos obviarlo sin contemplaciones y centrarnos en la acción. Esta es, como de costumbre, directa y pasillera, incluso más que en MW2.

Los primeros 15 minutos de Black Ops.

Este chistoso gráfico sirve bastante bien para ilustrar la estructura. Afortunadamente, y aunque se abusa de los momentos me-quedo-KO-durante-segundos o casi-no-llego-al-borde el manejo de las cinemáticas interactivas es excelente, y la introducción a cada pantalla es original y estimulante. Aunque se rompe la tradición de la pantalla de francotirador, no faltará el sigilo y asesinatos por la espalda o el control de vehículos, al que hay que hacer una mención especial. En vez de ser sólo una ametralladora, moveremos todo el avión y dispararemos a la vez; lo mismo con las lanchas y demás. Lo único a criticar: que pongan Sympathy For The Devil en un punto tan anticlimático.

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