Análisis de GRID 2

Sin frenos y a lo loco.

GRID 2 es un juego destacable y lleno de buenas ideas en todos los sentidos. Un juego clásico y moderno a la vez, directo y sincero, que tiene claro cuál es su sitio y que cumple con lo que tiene que cumplir.

Ya os comentamos en el avance que GRID 2 estaba ante un reto complicado: mantenerse en un punto intermedio entre el arcade y el simulador que agrade a todos. Como sospechábamos, al final la balanza se ha decantado significativamente para el lado del arcade pero, gracias al buen hacer de Codemasters, no por ello deja a un lado a los más hardcores de la conducción. Aquí hay derrapes para todos.

El jugador más novel o esporádico puede disfrutar de una conducción sencilla y muy asequible con solo unas pocas partidas. Hay varias ayudas que ponen las cosas fáciles a quien lo necesite y un coche con tracción trasera potente no es un riesgo, es un espectáculo de gomas gastadas y derrapes interminables y adictivos. La parte de simulador, si es que la hay, se centra más que nada en los coches, que aunque no cuentan con unas físicas extremadamente realistas o un comportamiento muy exigente sí que tienen sus características principales muy bien definidas -y hasta algo exageradas, pero para bien. No es mucho más difícil controlar un coche que otro, pero sí que es diferente.

Pero no por ello el jugador más exigente o más purista debe despreciar el juego. Aunque simple y exagerado, GRID 2 tiene el nivel justo de profundidad como para enganchar al mismísimo Antonio Lobato. Si desactivamos las ayudas según qué coche o qué circuito puede resultar un reto bastante exigente.

"Codemasters ha pasado la escoba y ha barrido el garaje los puntos de experiencia, los concesionarios, la personalización (mecánica), e incluso el dinero; aquí solo importa ganar."

No solo el control está pensado para agradar a todos sino que los modos de juego también tienen en cuenta, hasta cierto punto, a todos los públicos. El modo para un jugador es rápido, completo y sin complicaciones. Codemasters ha pasado la escoba y ha barrido el garaje y los puntos de experiencia, los concesionarios, la personalización (mecánica) -que ha quedado relegada al multijugador disfrazada de ventaja de Call of Duty, e incluso el dinero-; aquí solo importa ganar carreras. Esto hace que nuestra popularidad aumente y se nos desbloqueen nuevos noches y nuevas pruebas. Así de simple; si no ganas no sigues.

La variedad de pruebas y pistas no es nada desdeñable. Podremos conducir más de cincuenta coches -que no son muchos, ya- a lo largo de innumerables pruebas de todo tipo. Además de las carreras clásicas, las de eliminación, las contrarreloj o las pruebas de derrapes, la desarrolladora inglesa se deja llevar por este fanatismo por la filosofía norteamericana que deja impresa en casi todos sus últimos títulos y ha introducido nuevas pruebas más dadas a la espectacularidad y a los imprevistos que a otra cosa. La novedad más destacable son las Livesroutes. Pruebas en las que el circuito se va modificando en cada vuelta por lo que nunca sabremos qué curva nos en cada esquina.

Por otra parte, como decíamos, el jugador que quiera exprimir más GRID 2 y profundizar en todos los sentidos, además de poder configurar un control mínimamente exigente, cuenta con un modo mutijugador que completa los huecos que puede encontrar en el modo para un jugador. Aquí sí que hay ciertas personalización mecánica, dinero para desbloquear piezas y demás, y unos rivales que, con un poco de suerte, estarán más centrados en hacer el mejor tiempo posible que en sacarte de la carretera -como suele intentar la IA.

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En el modo online la cosa se complica, los rivales son mejores, las recompensas más difíciles de conseguir y las opciones más numerosas y atractivas. La llamada Racernet funciona como lo hace, por ejemplo, el Autolog de EA en Need for Speed. Registra nuestras estadísticas y las de nuestros amigos para que el pique sea constante y, además, tiene la virtud de proponer pruebas paulatinamente e incluso de ponernos cada cierto tiempo a rivales de un nivel similar al nuestro para que durante unos días compitamos sin piedad. Aquí es donde el hardcore se va a sentir más cómodo, tiene todo a lo que está a acostumbrado y por lo que quiere avanzar, mejorar sus coches y completar su garaje para poder restregarle a los colegas lo bueno que es.

GRID 2 tiene juego para todos, y para largo, se adapta a varios registros sin despeinarse contentando a unos y a otros, y para ello exagera casi todo, lo caricaturiza en cierto modo. El problema - no todo iba a ser tan bonito- es que no acaba de pulir al máximo casi ninguna de sus virtudes. El control, lo más importante, sí, es accesible y agradecido, pero esta versión 3.0 del EGO Engine cuenta con unas físicas demasiado exageradas que hace que los accidentes se sucedan al más mínimo roce. Y aunque los flashbacks no suponen una penalización remarcable, no deben ser un parche para solucionar la aleatoriedad con la que muchas veces se resuelven las pruebas. Y para más inri la inteligencia artificial parece estar más centrada en echarnos de la carretera que en ganar las pruebas. Ya veréis cómo gastáis los cinco flashbacks en una misma carrera por culpa de las embestidas de algún piloto virtual sin una familia virtual que le espera para cenar.

El desarrollo de la campaña, al igual que todo lo que la envuelve, huele a refrito de los DIRT desde pasamos por el primer menú y las pruebas, para colmo, acaban repitiéndose hasta machacarnos el cerebro en ciertos tramos de la campaña. Incluso el apartado artístico que, eso sí, cuenta con un acabado técnico realmente bueno, se centra tanto en ese gusto por lo americano del que antes hablábamos que en ciertas ocasiones juega en su contra. Los circuitos urbanos por Barcelona o París son muy vistosos y están cargados de detalles y demás parafernalia que nos llena la vista pero, en la práctica, son aburridos y repetitivos. Las pistas realmente divertidas son las que transcurren en los circuitos reales como Indianapolis o El Algarve o por carreteras de montaña estrechas y sinuosas pero desgraciadamente no cuentan con el protagonismo que se merecen.

Se empapan de esa visión americana de lo que es divertido y espectacular; accidentes, carreras llenas de imprevistos, escenarios cargados y luces de colores, pero no se dan cuenta de que lo que consigue mantenernos, al menos a nosotros, con la adrenalina a tope y con nuestros cinco sentidos en la carrera son las pruebas donde la conducción es el reto, donde aunque solo compitamos contra un coche, el circuito y el rival nos obliguen a estar concentrados al cien por cien. A veces nos ahogan con tanto rollo ESPN.

Por ahí pierde GRID 2 la fuerza necesaria para competir contra los Need for Speeds o Forzas de turno. Se ciega con la espectacularidad fácil e instantánea y deja algo de lado lo que hace vibrar de verdad a los fanáticos de los juegos de coches.

Pese a ello GRID 2 no deja de ser un juego destacable y lleno de buenas ideas en todos los aspectos. Un juego clásico y moderno a la vez, directo y sincero, que tiene claro cuál es su sitio y que cumple con lo que tiene que cumplir. No será el juego de conducción que os marque de por vida ni sobre el que hablaréis durante años pero, si os dejáis llevar un poco, será el juego comodín, ese que siempre podéis tener ahí para un rato libre y que nunca os fallará; una apuesta segura.

7 / 10

Leer nuestra política sobre puntuaciones Análisis de GRID 2 Juan Puig Sin frenos y a lo loco. 2013-06-03T12:36:00+02:00 7 10

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