Análisis de Call of Duty: Black Ops 2

Más y mejor.

A Treyarch no le podemos negar el mérito por la valentía y la personalidad con la que afrontan cada Call of Duty. Esta vez han sabido mejorar, redondear y adaptar una fórmula a la que cada vez le falta más aire.

Saltémonos toda esa introducción repetitiva, estándar y trillada. Sí, Black Ops 2 es un Call of Duty en toda su magnitud; un juego pensado para el multijugador complementado por un modo campaña y un modo zombis que esta vez es más completo que nunca.

Y qué, ¿acaso Sabina, Dylan, o Cohen son peores por vender mucho? Pues mira, no. Call of Duty sigue y seguirá siendo lo que es mientras siga vendiéndose como rosquillas, pero no es mejor o peor juego por ello. Si es mejor que la inmensa mayoría de FPS es por contar con una control perfecto, un modo online adictivo e interminable, un apartado técnico genial -aunque ya no sorprendente- y porque a lo largo de su trayectoria en esta generación ha reunido a un número increíble de jugadores bajo un único concepto.

Seguramente Treyarch sea siempre la hermana fea, la que una vez cada equis tiempo la familia arropa a sabiendas de que es la desfavorecida y mira de reojo a la hermana guapa, y ellos lo saben. Por eso cuando llega su momento intenta destacar, intenta romper con lo establecido hasta donde le permiten. Se nota que quieren dejar claro que tienen sus ideas y su personalidad. Esta vez lo consiguen más que nunca.

En este caso es difícil decidir la persona del verbo con la que hay que referirse a Black Ops 2, ¿estamos ante un juego enorme o tenemos tres juegos aglomerados en un mismo disco?, como parece insinuar la propia caja del título.

Al igual que los otros Call of Duty, Black Ops 2 se diferencia claramente por el multijugador, pero esta vez cada uno de los otros modos de juego -campaña y zombies- es lo suficientemente extenso y profundo como para merecer más tiempo del habitual.

"Black Ops 2 intenta dejar huella, es valiente y no se esconde a la hora de introducir cambios ligeros... pero importantes."

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Si buscáis un título para jugar en solitario donde la inteligencia artificial de los enemigos y el diseño de las misiones primen sobre todo lo demás... Black Ops no es vuestro juego. En este aspecto suspende, de hecho, pero aun así seguramente sea la mejor campaña de los últimos Call of Duty. La historia, que se desarrolla en un futuro próximo, nos pone tras la pista de Raúl Menéndez, un terrorista que está generando poco a poco una segunda guerra fría gracias a Youtube y Twitter -sí, estas armas de destrucción masiva-. Nosotros, que llevamos a David Mason, el hijo del protagonista del primer Black Ops, seguimos la pista de éste hasta que llegamos a Frank Woods, el en su día compañero de nuestro padre, ahora un anciano en silla de ruedas, y que nos ayudará a entender qué pretende el terrorista y el porqué de todo.

La historia es palomitera, fácil y está cogida con alfileres, pero desde luego es mejor que la de la gran mayoría de juegos de acción. Alternamos misiones en el pasado, en las que volvemos a controlar a David Mason, con otras en el presente (el presente del juego, 2025) en las que llevamos a su hijo Alex. Solo con jugar las primeras misiones ya notamos que lo más divertido es pegar tiros en el presente, con todos sus nuevos gadgets y demás parafernalia futurista.

Pero estos saltos en el tiempo y el aspecto futurista no son las únicas novedades de la campaña. Treyarch se ha encargado de dotar al modo de juego en solitario de algunas características que incitan a rejugar la campaña varias veces. Antes de cada misión, por ejemplo, podemos elegir el equipamiento que llevaremos. También hay una serie de desafíos relativamente interesantes que incitan a hacer las partidas de una determinada manera, y los mapas, sin ser una revolución en el diseño, ya no son tan pasilleros y cuentan con bifurcaciones y algún que otro secretillo. Pero sin duda las novedades más importantes son los finales alternativos: hasta seis, que dependerán de las acciones que realicemos en determinados momentos y en el nuevo modo Patrulla de Asalto.

Estas misiones, que generalmente se desarrollan en los mapas del multijugador, nos permiten controlar y gestionar a un equipo compuesto por unidades de asalto normales pero que también está apoyado por torretas, tanques araña y demás maquinaria pesada. Mediante una cámara cenital podemos dar órdenes a cada unidad y repartirlas por el mapa a nuestro antojo, haciendo que defiendan las zonas de turno o que coloquen unas balizas en determinados puntos. En cualquier momento podemos tomar el control de cualquier unidad y jugar con el estilo del modo clásico.

Es de agradecer el intento. Estas misiones añaden variedad y frescura a la campaña pero desafortunadamente la inteligencia de las unidades deja mucho que desear y al final lo más práctico acaba siendo tomar el control directo de algún soldado o tanque y liarla parda por nuestra cuenta.

Black Ops 2 intenta dejar huella, es valiente y no se esconde a la hora de introducir pequeños cambios que son más importantes de lo que parecen. En lo que se refiere al multijugador, de hecho, es muy interesante comprobar lo bien que se han sabido adaptar a los llamados Deportes electrónicos; podemos retransmitir partidas por Youtube, entrar en partidas como espectador o incluso participar en un modo online paralelo al clásico. En este modo llamado Juego en Liga tenemos todas las armas y todo el equipo desbloqueado desde el inicio y nuestro objetivo es ganar partidas para subir de divisiones, del mismo modo que sucede en las temporadas online de FIFA. Todo es mucho más social y competitivo que nunca.

Por su parte el modo de partidas públicas sigue contando con las mecánicas de siempre; gana puntos de experiencia para subir de rango y mejorar tu arsenal. El cambio viene en la forma de gestionar este equipamiento. Tenemos un total de 10 espacios que ocuparemos con cada arma, accesorio o ventaja. Dentro de este límite la libertad es total: podemos equipar más ventajas en detrimento de armas secundarias, equiparnos más o menos granadas, solo llevar un arma sin accesorios y contar con más ventajas o prescindir de algunas ventajas para equiparnos un arma súper equipada; nosotros decidimos. El cambio es inteligente y el jugador siente la libertad de equipar a su personaje como quiera. Aunque al principio parece raro, al final estos cambios son para bien. Y, por cierto, se ha eliminado el dinero del primer Black Ops y se ha sustituido por unas fichas de desbloqueo. Otro acierto.

Cuando entramos en acción todo sigue funcionando como siempre. Es decir, genial. Todos los mapas y armas están sacados de la parte futurista de la campaña, y aunque se priva de algunas locuras como el camuflaje óptico -gracias- no se corta a la hora de poner a nuestra disposición drones teledirigidos increíblemente devastadores o miras que nos marcan a los objetivos. Novedades que facilitan el ataque pero que están bastante bien introducidas para no desnivelar el juego. El control es más fluido que nunca y los miedos al pensar en el anterior juego de Treyarch quedan disipados con solo jugar dos partidas.

Los más críticos con el estilo de juego que propone Call of Duty, muy individualista y rápido, ahora tendrán menos argumentos para criticarlo. Las rachas de bajas han sido sustituidas por rachas de puntos. Para lanzar un UAV, por ejemplo, ya no hace falta un número determinado de muertes sino un número determinado de puntos, que se consiguen eliminando a rivales pero también con asistencias, capturando banderas, defendiendo espacios...

El único pero que podemos encontrar en este aspecto son los mapas, trece en total. Por un lado el acabado artístico recuerda demasiado a los mapas de los anteriores juegos; parece un popurrí de Call of Duty. Y por otra el diseño apuesta por niveles más pequeños y laberínticos. Puede que a los enamorados de Nuketown les guste "el mapa del barco" pero, personalmente, prefiero escenarios un poco más extensos que den pie a un juego más pausado y donde se puedan aprovechar mejor todos los dispositivos que nos ofrece el juego.

Este Call of Duty es, pues, es capaz de devolver el interés sobre la saga. Algunos ya estábamos empezando a cansarnos año tras año de machacar las mismas mecánicas para conseguir los mismos objetivos. Esta vez con solo unos cambios sutiles -pero inteligentes- el juego aporta la frescura necesaria como para despertar el interés, una vez más, de los veteranos.

"No sé si será el mejor Call of Duty de la generación, pero desde luego es el más completo y digno desde el primer Modern Warfare."

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Y luego nos encontramos con la sorpresa que debutó en aquel mediocre World at War, y que ha acabado convirtiéndose en uno de los bloques principales de esos tres que decíamos que forman este Black Ops 2: los zombis. El salto ha sido más cuantitativo que cualitativo: se han añadido rangos, más marcadores, se ha doblado el número de integrantes en las partidas, se creado un modo competitivo e incluso encontramos una historia, por llamarlo de alguna manera.

Este modo, llamado Tranzit, nos lleva por distintas ciudades a bordo de un autobús controlado por un robot. El objetivo es llegar lo más lejos posible pero pensando bien en qué momento coger el autobús. Si lo perdemos nos quedaremos tirados en una determinada zona durante mucho tiempo y esta es una situación que dista de ser la ideal. Además de matar zombis es necesario explorar y coger objetos que nos ayudan a tunear el autobús o activar barreras, por ejemplo.

Grief, otro de los modos de los zombis, enfrenta a dos equipos de cuatro jugadores que tienen que intentar matar a más no-muertos que nadie.

Call of Duty: Black Ops 2 tiene juego para todos, como veis. El modo individual es, desde luego, el más flojo, pero aun así es de las mejores campañas de la saga. Los zombis dan un paso adelante y se colocan como un indispensable, casi como un juego que podría venderse por separado y al que muchos le comienzan a dedicar una cantidad considerable de tiempo. Finalmente tenemos al multijugador, que se amolda a los tiempos que corren con más posibilidades que nunca. El jugador de Call of Duty ya sabe jugar, ya sabe cómo funciona todo y se estaba cansando de tener que seguir el mismo camino cada año. El modo competitivo supone un paso adelante más importante de lo que pueda parecer a primera vista.

A Treyarch no le podemos negar el mérito por la valentía y la personalidad con la que afrontan cada Call of Duty. Esta vez han sabido mejorar, redondear y adaptar una fórmula a la que cada vez le falta más aire. No sé si será el mejor Call of Duty de la generación, pero desde luego es el más completo desde el primer Modern Warfare.

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