Análisis de Double Dragon Neo

¡Choca esos cinco!

A mayor fuerza, mayor jugabilidad. En este caso, tu grito se oiría como si te hicieran una endodoncia a pelo, sin anestesia.

Versión probada: Xbox 360

Double Dragon Neon: Es jugarlo y sentir cómo se me emborracha el cerebro al revivir de golpe todo lo bueno de mis años mozos. Matar; matar, sin contar cadáveres, viudas ni huérfanos. Matar para sobrevivir en las calles. Despedir a tu chica, la del garito que toque, gastarte en aguardiente barato lo que llevas en los bolsillos (todo lo que tienes), subir a tu ataúd diesel, Judast Priest a todo volumen, una mueca de autosuficiencia calcada del mejor Clint Eastwood, y encomendarte al diablo. Es puro pulp. Es así de sencillo. Y joder, cómo mola.

Porque lo retro mola ¿no? Exhibir los galones. Renegar del presente y desconfiar del futuro. Estos críos de la PlayStation que se creen que todo lo inventó Sony... ¡mal! Aunque me pregunto: ¿Es la cuestión tan simple como limitar a una pose esta actitud? ¿El pasado fue mejor?

Yo creo que no. Ni Double Dragon (ni Final Fight, o Cadillac & Dinosaurs...) era tan bueno antes ni por extensión deberían ilusionarnos ahora. Porque el pasado no fue mejor. El pasado sólo es pasado. Y, más allá de gustos concretos, su reivindicación como forma de vida no me acaba de convencer.

Vídeo: Gameplay de Double Dragon: Neon

Todos tenemos mitos particulares. El mío concretamente es el Jurassic Park de NES. Lo que disfruté con él no se puede describir con palabras. Pero ¿era el juego en sí, o eran mis 11 años? Veamos. Una especie de pseudo-sandbox imposible, raro como pocos y con un mapeado y un ritmo de risa. Ok, entonces sólo pueden ser mis 11 años. ¿Tiene sentido volver a jugarlo ahora?

Idolatrar el pasado no es sólo alucinar con el Pong. Es revivir una época en la que todo dios era feliz. O eso recordamos, porque nuestra cabeza está predispuesta a minimizar los malos recuerdos. Somos así. Y unimos inevitablemente aquellos momentos con la diversión de un ridículo monigote con tres movimientos programados (New Super... cof... Mariocof...2).

Por eso este remake de Double Dragon se me atraviesa. Y que conste que lo he intentado. A ver esta pantallita, venga ese jefe final (Abobo hipertrófico Lol! De mayor quiero ser render)... Pero nada. Como enseñarle Orgasmatrix a un pichón. Nada de nada. Y no puedo evitar la sensación de estar perdiendo un tiempo que podría aprovechar para disfrutar del presente. Porque, amigos, el presente es sencillamente acojonante. ¿Alguien tomaría en serio a quien dice que el mejor juego de fútbol de la historia es el Sensible Soccer teniendo al alcance de la mano Fifa 13? Yo no.

Es cuestión de actitud. El pasado siempre es peor. La música, el cine, las tortillas de patatas con salmorejo. Y cuando lleguen, las del futuro. Así con todo.

Como supongo sabréis Double Dragon Neon es un remake del título homónimo que publicó Taito a finales de los 80. Del desarrollo se ha ocupado Wayforward, un estudio que lleva años resucitando mecánicas añejas en títulos nuevos (Aliens Infestation, Thor DS) y no tan nuevos (Contra 4).

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El juego es un beat'em all de la vieja escuela, castizamente traducido aquí como "yo contra el barrio". De hecho es uno de los padres del género, y ojo, esto son palabras mayores. Estamos hablando del rollo que partía el bacalao hasta bien entrados los 90 pero que, caprichos de este mercado, nada ahora en las aguas del olvido. Describirlo no es difícil: avanzas contrarreloj repartiendo estopa a tal cantidad de enemigos que parecen salir de un generador del Gauntlet, hasta llegar al inevitable final boss, una bestia parda que te dobla en tamaño/fuerza/velocidad. Y me lo repite usted tantas veces como fases se hayan currado los programadores.

En el caso del remake las bases se han mantenido intactas, añadiendo a la estructura una serie de mejoras que intentan darle lustre al título para lanzarlo en las plataformas de distribución actuales. Aunque los punkies, los negros con pelazo y las señoritas/travestis con látigo perduran.

Para empezar están las nuevas habilidades que obtendremos a base de recoger cintas de cassette (¡lo juro!). A más cintas recogidas más fuerza y más 'magias' que podremos usar. Éstas se dividen en dos categorías, las pasivas que se activas automáticamente al cumplir ciertos requisitos y potencian atributos y los ataques especiales, los 'big motherfucking petardos', que te vacían la barra de energía y limpian de paso la pantalla de escoria.

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También hay novedades en el control, al que se le han añadido botones para correr, saltar y agarrar a los enemigos, pero no se le ha puesto lo que de verdad le hacía falta: velocidad. El juego sigue igual de lento e impreciso que el original. No hubiese costado mucho añadir al lavado de cara gráfico algunos frames de más. Solo podía mejorar.

A propósito del lavado de cara: a mí me gusta. Es decir, el salto del sprite al 3D puede haber sido acertado o no (yo digo sí), pero que estéticamente sea cutre no es algo que le vaya a achacar, porque de eso se trata ¿no? Son los ochenta, demonios, es como vivir dentro de una canción de Wu-Tang Clan, con su streetlife, sus cazadoras vaqueras sin mangas, su bling-bling y sus referencias al cine de artes marciales de Hong-Kong. Además hay fases locas que no estaban en el juego original que potencian esa sensación de petarlo muy fuerte, como la del edificio-nave-espacial--de-un-esqueleto-alienígena... vamos, un macarrón ochentero tremendo, con una puesta en escena expresamente dirigida a la serie B y al desfase.

Porque si algo tiene Double Dragon por encima de todo es carisma. Hace ya bastante leí en algún sitio una definición perfecta y muy cachonda de jugabilidad como término general. Venía a decir que es la fuerza con la que gritas "no" a la pregunta "¿puedo jugar?". A mayor fuerza, mayor jugabilidad. En este caso, tu grito se oiría como si te hicieran una endodoncia a pelo, sin anestesia. Pero tranquilo, no vas a tener que gritar porque Neon incorpora una opción para jugar a dobles.

Un desfase que puede llevarse a cabo acompañado siempre es mejor desfase. Y nos detenemos aquí, ojo: se pueden hacer highfives para repartirnos las fuerzas con nuestro compañero. Novedad interesante: chocar esos cinco. Pasó a la historia aquello de "tu quédate en la esquina que yo me encargo", ahora chocas esos cinco con dos cojones y sigues enviando huérfanos y viudas a la cola de los servicios sociales. Aunque cabe la posibilidad de fallar y sufrir una penalización. Ya digo, un giro sencillo pero interesante del apartado multijugador.

Y ya está. El resto es todo igual, la dificultad por encima de la media, los enemigos, los distintos caminos dentro del mismo nivel, las tiendas, los objetos arrojadizos, la rubia y el Ferrari. Hay música nueva y doblaje, pero eh.

El resultado en general no es malo, pero al final la sensación con Double Dragon Neon es la que comentaba al principio, mola pero no. Los beat'em up resucitados son practicar el sexo en la misma postura tras veinte años de matrimonio. Una tarea que mola, pero no. Es familiar, está a tu alcance y al final caes, por ingrato y repetitivo que resulte, sigue siendo sexo. Pero aburre. El ritual lo es todo; el mismo ritual. Y para eso ya tenemos flipadas bastante mejores actualmente. Y no miro a nadie, Puño de la Estrella del Norte.

6 / 10

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