Análisis de Tokyo Jungle

La jungla en casa.

Versión probada: PlayStation 3

Recuerdo aquellas tardes de sobremesa viendo los documentales de La 2; el sofá, el mando de la tele, el hambre de los leones al ver a las gacelas y nuestra morriña de después de comer. Todo un clásico. Mientras nos íbamos quedando dormidos, el león trazaba una perfecta parábola en su carrera para alcanzar el cuello de la pobre gacela que, en unos segundos, había pasado de estar alimentándose a servir de alimento. Un cambio sutil pero dramático.

Tokio Jungle nos propone vivir esas mismas situaciones en primera persona. Ahora nos toca a nosotros tomar el control e intentar sobrevivir en la jungla. Por alguna razón, que iremos descubriendo a medida que avancemos, la humanad ha desaparecido y los animales han ocupado las ciudades.

Contamos con 2 modos de juego. Por un lado el modo supervivencia, que da cuerpo al juego, y el modo historia que se divide en pequeños capítulos en los que, mientras controlamos a distintas especies de animales, debemos superar diversas situaciones mientras, de paso, vamos descubriendo cómo se ha llegado a esta situación. Además para poder jugar a estas misiones debemos desbloquearlas jugando al modo supervivencia encontrando unos documentos que nos desvelan parte de la historia.

Vídeo: Tráiler de lanzamiento de Tokyo Jungle

Al final este modo no pasa de ser una concatenación de pequeños desafíos y poco más. Pero, como hemos dicho, el modo de juego realmente interesante y que supone el eje central del título desarrollado por Playstation C.A.M.P.! y Crispy's!, es el modo supervivencia. La idea es simple y el objetivo claro: sobrevive todo el tiempo que puedas. Tras unas partidas, en cierto modo, puede recordar a juegos como el reciente Spelunky, en el que repetimos las mismas zonas una y otra vez ya que cada muerte nos devuelve al más remoto comienzo. Pero, al igual que en el citado adictivo plataformas, Tokyo Jungle sabe cómo tiene que hacerlo todo para incitarnos a repetir hasta la saciedad. Y le basta con tres o cuatro mecánicas más bien simples pero que, combinadas, forman una estructura general muy rica.

Hay dos modos de juego principales: supervivencia e historia.

Estas mecánicas siguen un orden bastante claro; primero dominamos una zona mediante la localización de cuatro puntos estratégicos. Una vez dominada podremos buscar a una hembra y llevarla a nuestro "nidito de amor" para procrear y pasar a controlar a nuestra descendencia y todo esto mientras cazamos y nos alimentamos -los años pasan volando a modo de contrarreloj-. Nunca llegamos a crear un vínculo muy estrecho con nuestro animal ya que el tiempo pasa a toda velocidad y la vida de unos quince años de un perro se acaba en un rato, por lo que dominar las zonas, buscar una hembra y procrear es algo totalmente necesario. Cada poco tiempo controlaremos a otro animal, que heredará parte de nuestras aptitudes. En el caso de perder la vida, llevamos a otro animal de nuestra manada, si es que la tenemos.

Puede parecer que las pocas mecánicas se volverán repetitivas al poco tiempo, pero nada más lejos de la realidad. Dominar las zonas y buscar una hembra es una rutina necesaria pero divertida, ya que por el camino nos encontramos con una gran variedad de animales que nos plantean todo tipo de situaciones. Por ejemplo, si nos topamos con un lobo éste huirá de nosotros hasta reunirse con su manada para atacarnos en grupo, por lo que deberemos atacarle antes de que busque ayuda. O podemos ver a una pantera en medio de la noche y tener que salir por patas -nunca mejor dicho-. También se nos proponen distintos retos a medida que pasan los años. Estos sirven para aumentar nuestra puntuación, hacernos descubrir todo el gigantesco mapa o desbloquear equipamiento para nuestros animales. Van desde llegar a una zona en concreto hasta acabar con una determinada manada y así desbloquear ese animal para la siguiente partida.

Las especies están muy bien diferenciadas y ajustadas a sus virtudes y carencias, gracias a los atributos y a su comportamiento, pero no por su representación, ya que técnicamente el juego parece traído de PS2 y ajustado en HD. Cada animal cuenta con unos atributos de resistencia, salud, fuerza etc., que mejoramos a medida que vamos dando paso a nuevas generaciones. Su mejoría depende de cómo de buenos seamos y de cuán buena sea la hembra. Por nuestro largo camino encontramos hembras exigentes, que nos pedirán un determinado rango (que ganamos con puntos de experiencia al cazar y comer) si queremos que formen una familia con nosotros.

Podemos controlar carnívoros y herbívoros. Las especies están muy bien diferenciadas y ajustadas a sus virtudes y carencias, gracias a los atributos y a su comportamiento.

Pero también encontramos hembras desesperadas; es decir, hembras con pulgas a las que otros animales no quieren pero que si nos ven solos no dudarán en "acoplarse" con nosotros, aunque no queramos, y de camino pegarnos sus parásitos. Para contrarrestar estos estados encontramos distintos ítems por el camino. Cogemos desde champús anti pulgas a raciones de cecina para saciar el hambre en los momentos más duros. Y es que el indicador de hambre será el más trascendente. Cuando llega a cero la salud comienza a bajar hasta que morimos. Del mismo modo, si pasan los años y no cambiamos de generación, el límite máximo del indicador de hambre irá bajando paulatinamente hasta llegar a cero, lo que supone la muerte súbita.

Tokyo Jungle es muy japonés y, hasta cierto punto, es extraño que haya sido capaz de salir de tierras niponas. Además de los ítems de regeneración de salud o resistencia encontramos distintos accesorios para equipar a nuestro animal, que pasan desde gafas con forma de corazón hasta grandes botas; todo lo necesario para acabar con la dignidad de nuestros animales y alegrar la vista al excéntrico mercado oriental.

Como todo buen survival, es infinito. Podremos vivir todos los años que queramos mientras sigamos procreando y aumentando el tamaño de nuestra manada pero. además, tenemos a nuestra disposición un enorme número de especies, más de cincuenta (algunas mediante DLC) y varias con sus variantes. Entre todas ellas encontramos dos grandes, y obvios, grupos: carnívoros y herbívoros.

Los primeros son los más predominantes y divertidos de usar ya que centran sus mecánicas en la caza y no tanto en la evasión. Tenemos un ataque básico, normalmente un zarpazo, y un ataque de embestida que busca directamente el cuello de nuestra presa, además de la posibilidad de esquivar mediante el joystick derecho. Si sorprendemos a la presa en el momento adecuado o si evitamos una de sus embestidas y sincronizamos bien nuestro ataque podemos acabar con ella de un solo bocado, siempre y cuando el tamaño de esta no sea desproporcionado al nuestro. Aun así debemos ser sigilosos y tener cautela ya que en cualquier momento podemos ser atacados por un depredador más grande o sufrir una emboscada de una manada más numerosa que la nuestra.

Los herbívoros, por su parte, normalmente son más ágiles y tienen mejor aguante del hambre pero, sin embargo, deben evitar el combate y localizar plantas silvestres para alimentarse. La verdad es que, sin ser aburridos, no dan tanto juego como los carnívoros.

Al final de cada partida, cuando muramos de viejos, de hambre o nos coma el león de turno, veremos nuestra puntuación, en función a las generaciones que hayamos tenido, la cantidad de comida ingerida o los años sobrevividos. De este modo podremos comparar nuestras puntuaciones con las del resto de jugadores. Además el modo supervivencia tiene la posibilidad de jugarse en multijugador local.

Entre tanta secuela y masa de juegos cortados con el mismo patrón se agradece que algunos sigan buscando nuevas temáticas y planteamientos, y parece que el entorno digital se ha posicionado como el motor y escaparate para estos juegos. Controlar animales -que se mueven, viven y comportan como animales- es algo que normalmente no se toca en los videojuegos y Tokyo Jungle consigue combinar una cierta lógica en el comportamiento animal, con un desarrollo adictivo y divertido. Un gran juego con muchas horas por delante.

8 / 10

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