De vuelta a Red Dead Redemption

Más de dos años después sigue siendo uno de los grandes.

Si hay algo que tienen en común los padres - o eso creo yo - es esa obstinada determinación en poner siempre los mismo discos, una y otra vez, como si no hubiera un mañana. No sé si el hecho de pasar a ser padre te bloquea mentalmente para experimentar con nuevas músicas, no lo sé, pero el caso es que mi padre - como imagino que pasará con muchos de los padres de los que hoy rondamos la treintena - siempre pone los mismos discos. Todavía estoy traumatizado. Era levantarse un domingo por la mañana y dale con los Dire Straits, los Pynk Floyd, los Creedence... Siempre los mismos grupillos de pacotilla, y claro, uno acababa hasta las narices de esas canciones. De hecho, hoy en día las odio y si las escucho tengo ganas de cortarme las venas. Sin embargo, de entre todos ellos, había un disco que mi padre ponía hasta la saciedad y que nunca podré olvidar. Era un álbum llamado 22 Famous Western Film Themes.

El CD en cuestión era uno de esos cutre-discos que con cuatro sintetizadores de la época se marcaban un remixes guapos-guapos de cualquier cosa que se les pusiera por delante; en este caso, como su propio nombre indica: los temas clásicos del Western. ¡Este disco sí que era un auténtico coñazo! Empezaba con la odiosa canción de Solo Ante el Peligro, y después del strong silent type venían una serie de versiones - tristísimas todas - de los temas Morricone, una de Los Siete Magníficos vomitiva, La Conquista del Oeste, Rio Bravo... Fijaros hasta donde llegaba la indecencia del disco en cuestión que incluso se atrevía con las baladas romanticonas de los spaghetti protagonizados por Terence Hill, como Mi nombre es Ninguno. Y por si fuera poco, ni siquiera versionaba la mejor canción de Western de la historia, My Rifle, My Pony and Me de Dean Martin. Lo dicho, para pegarse un tiro, pero mira tú por donde que hoy escucho ese disco y me gusta. Supongo que será la edad.

El tema es que estos últimos días he estado recuperando ese nuevo clásico de los videojuegos que es Red Dead Redemption - ¡y vaya que si lo estoy disfrutando! Una de las grandezas de este juego, tal como apunté en su análisis - que por cierto se llevó un 10/10 - es que más allá de todo este bagaje de películas ambientadas en Salvaje Oeste en las que podría haberse inspirado, en Rockstar San Diego tomaron la acertadísima decisión de pasar bastante por encima de todas estas influencias casposas. En lugar de basarse en los clásicos del Western (estadounidense o italiano, es igual), RDR toma como referencia las últimas producciones cinematográficas y televisivas ambientadas en el Salvaje Oeste, películas como El Tren de las 3:10 o series como la estupenda e inacabada Dead Wood. No es por nada, pero si leéis un análisis sobre el juego en el que destaquen lo mucho que se parece el juego a El Bueno, el Feo y el Malo y demás pelis de Leone, os recomiendo que dejéis de leerlo inmediatamente, pues significará que ese sujeto no tiene ni pajolera idea de lo que está hablando.

Red Dead Redemption - Far Away

Bueno, volviendo al tema. ¡Qué gran juego ese Red Dead Redemption! Podríamos estar hablando de todas sus virtudes y no acabaríamos. Por ejemplo, sus personajes, que están todos locos. De hecho el único que está un poco centrado es el protagonista, ese pobretón de John Marston, carismático a pesar de ser más soso que la suela de sus botas. Como siempre pasa en los juegos de Rockstar, el mundo que nos presenta RDR es inhóspito y viciado al extremo, un lugar en el que no nos gustaría vivir. Es algo que prácticamente forma parte de ese manual de estilo Rockstar que siempre les funciona tan bien a la hora de contar historias con fondo. Olvidaros del clásico argumento de buenos contra malos, al igual que en los Grand Theft Auto, RDR está totalmente dominado por una ambigüedad moral que resulta ideal para lo que vendría a ser un propuesta jugable ambientada en un mundo abierto en el que, en principio, podemos hacer lo que queramos.

A su vez, RDR logró hace dos años mejorar el género sandbox gracias a pequeños ajustes sobre lo que ya se pudo ver en el también estupendo GTA IV. Sin sacrificar su guión de hierro, RDR superaba a la odisea de Niko Bellic por el hecho de que daba al jugador un mayor número de posibilidades de sentir el palpito de su mundo. La clave está en las muchas misiones secundarias que nos ofrece el juego, una mayor bifurcación de las misiones principales, los retos de supervivencia o, incluso, ese sistema de encargos que nos obligaba a tener que olvidarnos de la historia principal por unos instantes. Todas estas tareas se presentan ante el jugador con la naturalidad y el tempo adecuados, sin hacernos perder el hilo del relato principal y sin sacrificar la ilusión de que estamos en medio del Salvaje Oeste y podemos hacer lo que queramos.

Pero por encima de todo, si me tuviera que quedar con algo de RDR sería sin duda con esas preciosas puestas de sol. Técnicamente el juego es una gozada e incluso hoy sorprende igual que el primer día, y lo mismo ocurre a nivel artístico. Se ha hablado muchas veces sobre la obsesión de Rockstar por los pequeños detalles y RDR no es una excepción a este mantra. La grandiosidad de los escenarios unida al sistema de iluminación siempre exagerada crean delante de nuestros ojos paisajes que podrían convertirse en postales - y es algo que pasa constantemente. La soberbia animación de los caballos y de toda la fauna en general, los efectos atmosféricos, el paso de las horas... Podría seguir.

Disfrutad de este vídeo exclusivo de Eurogamer sobre el mundo de Red Dead Redemption.

Y para rematar la jugada, la banda sonora que, volviendo al inicio, no tiene absolutamente nada que ver con esas gastadas melodías de Western de la vieja escuela. Recuerdo que con Red Ded Revolver (el juego anterior a RDR) se intentó jugar con el sonido de aquellas viejas películas y el resultado fue bastante bueno, pero RDR necesitaba algo nuevo y lo que crearon Bil Elm y Woody Jackson es sencillamente increíble. Escuchad el tema Triggernometry y decidme si no tiene la densidad de una especie de jazz del Salvaje Oeste, con esas variaciones que van entrando y saliendo y pensad en lo bien que funciona a nivel dinámico dentro del juego. Tal como podéis ver en este vídeo, utilizando instrumentos de la época crearon la partitura contundente pero a la vez taciturna que el juego necesitaba - y sin tener que recurrir a lo fácil que sería basarse en unos temas que recordasen a los de aquel CD que tanto escuchaba mi padre - de hecho, aún hoy le da por ponerlo de vez en cuando, incluso en el coche.

Como veis, podría estar horas hablando de Red Dead Redemption, y es que sin duda alguna es uno de los grandes de esta generación. Si ya lo jugasteis entonces volved a él como estoy haciendo yo estos días, y si no tuvisteis la oportunidad pues hacedlo también - de hecho, si no lo jugasteis os envidio rabiosamente porque eso quiere decir que aún no habéis visto ese maravilloso y sostenido final que tiene. Lo dicho, todos a jugar al Red Dead y si tenéis PlayStation 3 echadle un ojo a la oferta de PSN Plus, que el juego os puede salir por la patilla.

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