Shadows of the Damned

Diversión bizarra con sabor a moho.

El principal motivo que me llevó a jugar Shadows of the Damned fue la falta de apoyo que recibió por parte de los medios, aún prometiendo el oro y el moro por venir de donde viene. El juego pasó por sin pena ni gloria por las estanterías de las tiendas, llamando más la atención a los analistas que a las masas a pesar de los análisis positivos por parte de la prensa, ya sabéis, aquello del gafapastismo y la profesionalidad aparente. Y yo, claro, enamorado de los títulos de notable, esos títulos llamados al fracaso por una nula campaña de marketing y pasan de puntillas por el mundo pero que el día menos esperado se convierten en los 15€ mejor invertidos de tu vida, estaba claro, no quería una perderme la experiencia tan alternativa lejos de la cruel dictadura triple A que oprime nuestra sociedad. Así que me puse las gafas más gordas que tenía a mano y me preparé para disfrutarlo, en mayor medida sabiendo que sólo unos pocos atesoraríamos la experiencia. Sorpresa la mía cuando vi lo poco que había que atesorar.

  El padre de la criatura bien podría haber sido un hit veraniego de Pit Bull, todo colaboración y buen rollo. Contamos con Goichi Suda (Killer7 y No More Heroes) ft. Shinji Mikami (saga Resident Evil y Dino Crisis) ft. Akira Yamaoka (alma máter musical de la saga Silent Hill). Planteándose como una actuación estelar de mentes brillantes del videojuego, sin embargo acabando como un batiburrillo de un quiero y no puedo donde encontramos los puntos fuertes de cada uno de sus creadores perfectamente plasmados. Melodías que por separado suenan armoniosas y refinadas pero tremendamente descompasadas en su conjunción.

  Shadows of the Damned nos plantea la enésima reinvención de la obra de Dante Alighieri: La Divina Comedia. Recordaréis la historia si disfrutasteis de la versión de los chicos de Visceral Games: Dante's Inferno. Esta vez la premisa viene ligeramente encubierta bajo una gruesa capa de maquillaje Tarantiniano, pero sin excederse en la reinvención. Encarnamos a García "Fucking" Hotspur, como a él le gusta que le llamen, un caza demonios que ha cabreado a los bajos fondos después de acarrearles numerosas bajas. Todo un fucker en chupa de cuero con acento mexicano al que el demonio, un tal Fleming, le secuestra la novia, Paula, una rubia pechugona de muy buen ver a la que veremos en tanga y sin sujetador el 90% del juego. Punto a favor.

  Tras el secuestro de Paula, García, acompañado de su amigo-antorcha-pistola Jhonson, un diablo reformado y fuera de la mala vida que llevaba en los infiernos, van, con dos cojones, a buscar a su amada al infierno, donde descenderemos a los 7 círculos a lo largo de 5 capítulos de los que consta el juego. Hasta aquí todo sigue la norma, pero despedacemos este compendio hasta ahora nada extraordinario y veamos que hace de este Shadows of the Damned, algo tan particular y fuera de tono.

Shinji Mikami: El padre

  El padre es siempre el modelo a seguir por parte de un hijo, imitar su comportamiento, actitud y forma de actuar desde la más profunda de las admiraciones es parte de la admiración mutua que existe entre progenitor y vástago. Jugablemente, Shadows of the Damned lo ha aprendido todo de éste. Recordad que Shinji Mikami es el responsable de la saga Resident Evil al completo hasta su obra magna dentro de Capcom: Resident Evil 4. El juego nos planta en las narices un control heredado directamente del año 2005 -su viaje al pasado, gracias- padeciendo ese tópico feminista de que los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez, corres o disparas, para qué estresarse. La vuelta a la infancia es inmediata, y el único aderezo, la posibilidad de esquivar rodando para paliar esa sensación de tetraplegia intermitente, viéndose además fustigado por el yugo de una cámara que nos deja con el culo al aire más de lo que desearíamos.

  Jhonson, el diablo en forma de calavera que nos acompaña, es, por suerte, el Mortadelo de los demonios. Mientras no estemos apuntando tendrá forma de antorcha, pero este es el menor de sus poderes. Llegará a mutar en pistola, , metralleta, cañón o incluso moto de carretera. Jhonson posee todas las habilidades que le faltan a nuestro protagonista, equilibrando la balanza gracias a la química  que rebosa en las conversaciones que van sucediendo según caminamos.

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