Temple Run

Corre, corre, corre, corre...

En el intrigante mundo de los juegos para móvil hay una vertiente que ha calado muy profundamente a la hora de diseñar un videojuego: el pique. El concepto de pique no es nada nuevo, viene de la época en que dos mandos se podían conectar a una consola o ya venían conectados de serie. El hecho de tener sentado al lado a tu rival, a tu querido enemigo, añadía un aliciente fantástico a cada una de las partidas alargando la vida útil de un juego y multiplicando la diversión por, digamos, mil.

Luego llegó el online y esa experiencia mejoró, o empeoró si nuestra conexión a internet se iba al garete. Nos podíamos enfrentar a muchos más rivales simultáneamente y comparar mediante tablas de puntuación quien era el rey a destronar para obtener el reconocimiento a través de nuestro anónimo nick. Es decir, lo mismo que los highscores de los arcades pero sin que se borrasen de un día para otro.

Temple Run, el juego del que os quiero hablar, tiene su mayor virtud en esto precisamente, en el pique entre jugadores. Quizás Imangi Studios, sus creadores, no tenían en mente que el principal motivo para dedicarle tiempo a su juego fuera el hecho de querer superar a nuestros amigos que tengamos añadidos en Game Center. Por supuesto, estoy hablando de la versión de iOS, aunque también podéis encontrar Temple Run en Android, aunque no funciona al 100% en todos los terminales del sistema operativo de Google, ya que gráficamente es un juego relativamente exigente.

El objetivo en Temple Run es sencillo. Correr, correr como si no hubiera mañana huyendo de un a pandilla de monos mutantes mientras recorremos unas antiguas ruinas de un templo azteca sin aparente fin. Al igual que Jetpack Joyride o Canabalt, en Temple Run nuestro personaje avanzará solo y lo único que tendremos que hacer es controlar ciertos movimientos a fin de esquivar distintos peligros que encontraremos a nuestro paso.

Deslizando el dedo por la pantalla (sí, es un juego táctil) hacia arriba, saltaremos, hacia bajo nos deslizaremos por el suelo y hacia cualquiera de los laterales, giraremos en ese sentido. A medida que el tiempo pase, la velocidad de nuestro personaje aumentará, pasando de un nivel de niño obeso a una que dudo mucho que cualquier humano alcanzaría en la realidad. Pero he ahí donde radica la única dificultad del titulo: llegar a un punto en que nuestros reflejos nos fallen y nos traguemos alguno de los obstáculos generados al azar por el juego.

Durante nuestra carrera acumularemos monedas que aumentarán nuestra puntuación junto con los metros que vayamos recorriendo. Además, encontraremos diversos power-ups que nos darán habilidades especiales durante unos instantes. Estos power-ups los podremos mejorar en una tienda gastando las monedas que recojamos en cada partida, y en esta misma tienda también podemos desbloquear nuevas skins de personajes y mejoras como turbos o la habilidad para resucitar una vez muramos.

Como veis Temple Run no presenta casi nada nuevo, pero quiero destacar cierto detalle que es el que a mi me ha ganado de este juego. A medida de avancemos, aparecerán en el recorrido distintas marcas que indicarán los puntos en los que murieron por última vez nuestros amigos de Game Center, lo cual tampoco es nada nuevo pero es la puntilla que incita a seguir jugando, más que el clásico empujón psicológico que suelen provocar esta clase de juegos, el deseo de batir nuestra propia marca personal.

En Temple Run estaremos pendientes de la tabla de puntuaciones para saber si nuestra marca sigue estando imbatida. Por supuesto, esto sólo tiene gracia si contamos con un grupo de amigos o conocidos virtuales a través de Twitter, Facebook o similar que también jueguen a Temple Run. Si jugamos solos, la vida útil de este juego decrecerá de una manera abrumadora, algo similar a lo que ocurre con Hero Academy, pero en este caso es mucho más importante.

Así que si tenéis a varios amigos con un sistema iOS o con Android (ojo, las puntuaciones no se comparan entre sistemas distintos) probad entre todos Temple Run, porque quizás encontréis una fuente duradera en la que ahogar los ratos muertos de una manera sencilla y disfrutando de los piques de una manera sana. Y encima es gratis.

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