Sniper Elite

Juego inmisericorde.

Si preguntamos a alguien sobre juegos de sigilo la gran mayoría nombrará Metal Gear o, algunos, la decadente Splinter Cell. De una forma u otra estos títulos eclipsan a todos los demás, no ya por cuestiones de calidad, sino por simple nombre. Y eso es lo que pasó con Sniper Elite en su lanzamiento.

1

No voy a decir que el juego se llevó malas notas, porque bastan dos minutos de Google para ver que se llevó notables por todas partes (un 7 es una notaza, a ver si os entra en la puta cabeza) e incluso algún que otro premio, pero las ventas no fueron lo esperado. ¿Por qué? Pues, en mi opinión, debido a su propuesta jugable, alejada de los títulos de moda y, no vamos a negarlo, debido a una dificultad considerable.

El juego, tras una apariencia de shooter en tercera persona, esconde un simulador de francotirador. Y entendamos ese término como lo más realista que se ha visto en un videojuego, sin entrar en comparaciones con ArmA 2.

En el papel de un francotirador americano infiltrado en el ejército alemán durante la batalla de Berlín, habremos de superar varias misiones de diferente temática pero todas orientadas al objetivo final, que no es otro que es perturbar las operaciones rusas de cara a evitar que se hagan con los secretos de las armas del III Reich, como las bombas V2 o científicos expertos en... nuevas energías.

Sí, habéis leído bien: nuestra tarea es ayudar a la resistencia nazi frente a los soviéticos. Es un detalle que mucha gente pasa por alto, pero ya el argumento, más importante de lo que parece, nos está diciendo que este juego es distinto al resto. Sus objetivos son los mismos que podemos encontrar en otros juegos como Return to Castle Wolfenstein (otro imprescindible), pero enfocados con realismo y coherencia en su consecución.

Y ese citado realismo es el que debemos tener presente en todo momento para poder afrontar el título sin frustraciones. Aquí somos un francotirador, y ser francotirador requiere tres cosas: planificación, paciencia y, por último, puntería. Los escenarios, que van desde el centro de Berlín al aeródromo de Templehof pasando por zonas industriales, son un enorme puzzle que habremos de superar, pues el objetivo no es avanzar de un punto al siguiente, sino realizar algún tipo de tarea que se nos asigne; tan variadas como rescatar un herido, ayudar a los miembros de la resistencia a tomar estructuras rusas o asesinar oficiales. Y en medio de todo eso, puntos de control soviéticos, patrullas o incluso tanques.

Para sobrevivir habremos de planificar nuestra ruta usando el mapa que provee el juego, en el que incluso se nos indican los puntos de tirador más propicios para observar, no sólo para disparar; pues en muchas ocasiones tendremos más posibilidades de sobrevivir rodeando al enemigo sin ser detectados, arrastrándonos sobre nuestro vientre cual lombriz: olvidaros de correr o, incluso, de estar de de pie.

Sniper Elite nos obliga a permanecer invisibles, pues atraer la atención del enemigo es garantía de muerte en la mayoría de ocasiones, ya que no aguantamos más de dos o tres impactos (dependiendo del nivel de dificultad). Para ocultarnos dependeremos, principalmente, del terreno. Contamos con un medidor de camuflaje que nos indicará el porcentaje de ocultamiento de que disponemos frente a ojos indiscretos, siendo ejemplos de ello un 0% cuando corremos por medio de una calle o un 50% cuando estamos tumbados y quietos en medio de un montón de escombros.

Olvidaros de esos juegos donde los rifles de francotirador tienen capacidad de zoom kilométrica. Nada de alcance infinito.

Pero como todos sabemos, siempre llega un momento en que es necesario recurrir a las armas, y Sniper Elite no es una excepción. Y es en este punto donde el juego se separa bastante del resto de shooters e imitadores baratos y juega una de sus mejores cartas: la balística. Olvidaros de esos juegos donde los rifles de francotirador tienen capacidad de zoom kilométrica. Nada de alcance infinito. Y, ni en broma, veréis disparos a la cabeza a 400 metros. Eso es fantasía y, para demostrarlo, un dato: Sepp Allerberger, uno de los mejores francotiradores alemanes de la Segunda Guerra Mundial, jamás disparaba a más de 400 metros; y a esa distancia tiraba al pecho.

Aquí las distancias de disparo siempre están entre los 50 y los 200 metros, con una caída del proyectil que ha de ser corregida y que, como es natural, depende de la distancia y del fusil empleado: el inicial Gewher 43 tiene mucha caída, mientras que, por contra, el SVT-40 soviético es el mejor fusil del juego (el Gewher 43 era una copia alemana del SVT, de hecho). Pero ojo, que también habremos de lidiar con el viento, aunque afortunadamente no en todos los escenarios, pero que afectará a todos los fusiles, de forma distinta. ¿Y cómo aprendemos a disparar? Principalmente con la ayuda de la mira, pues para eso sirven las marcas de la óptica: para marcar distancias. Con práctica y la ayuda del manual aprenderemos a poner la bala en el punto deseado, cosa nada fácil, aun aguantando la respiración (para lo cual también hay tecla, por supuesto).

Si logramos un buen impacto, uno verdaderamente letal, el juego activará la kill cam, un "tiempo bala" que seguirá el proyectil a lo largo de su trayectoria hasta impactar en el enemigo y acabar con su vida. Pero no debemos dejarnos deslumbrar por la belleza de la muerte y nunca, bajo ningún concepto, habremos de realizar un tercer disparo desde la misma posición. Un primer tiro puede dejar despistados a los enemigos y ponerlos en modo de alerta, pero un segundo (y con certeza un tercero), harán que seamos localizados y, entonces, tenemos las de perder, porque aunque podemos usar armas de fuego como la MP-40, MG-42 o la soviética PPSh-41, las posibilidades de salir con vida son mínimas.

Los enemigos, aunque cuando no estamos localizados pecan de tontos, en cuanto nos ven empiezan a hacer llover plomo sobre nuestra posición o, peor aun, granadas. Y como hemos dicho antes, el daño es bastante realista y hay que añadir que no existe regeneración de vida, lo que garantiza el desastre en el choque frontal. Podremos poner trampas para cubrir flancos o atraer la atención enemiga, pero el mantener una posición es realmente complicado.

Realmente, y para su momento, nuestros rivales aportan al juego una dimensión fantástica pues, aparte del único punto negativo comentado, resultan letales en sus disparos y su rango de visión dista mucho del clásico enemigo que no ve a dos palmos: aquí arrastrarse en campo abierto a 50 metros de un enemigo es garantía de cargar la partida. En su comportamiento también veremos acciones tremendas, como asistir a los heridos o flanquearnos en ocasiones. Y eso es algo que hay que decir: las partidas salvadas están limitadas dependiendo de la dificultad elegida, teniendo que sacrificar nuestra puntuación para ello. Y teniendo en cuenta que el juego tiene tablas de puntuación online (el medirse las pollas 2.0) hay que esforzarse en no salvar: de hecho el juego nos recomienda los puntos de salvado, pues no hay checkpoints de ningún tipo.

Pero no podemos dejar de lado dos tipos de enemigos, además de los soldados: tanques y francotiradores.

Los primeros serán el enemigo que habremos de evitar a toda costa, pues si nos localizan podemos darnos por muertos. Sí, podremos hacerles frente, pero deberá de ser de forma sibilina, bien soltando TNT en su camino y detonándolo de un disparo o bien el modo difícil: impactar en la tapa del depósito de combustible. Si tenemos en cuenta que esa tapa mide pocos centímetros de diámetro, está en un vehículo en movimiento y le sumamos la balística... volar un tanque por los aires siempre resultará satisfactorio. De todos modos, la actitud recomendable es el sigilo.

El segundo enemigo son los francotiradores enemigos. Y éstos son de lo mejor del juego, pues nos obligan a que cada vez que entramos en una calle debamos pararnos y observar con los prismáticos todos y cada uno de los rincones del escenario. Y resulta difícil verlos, mucho. Para añadir dificultad, si nos localizan, tras el primer disparo procederán a esconderse, moverse y volver a disparar. Así hasta que acaben con nosotros. Y ya os aviso que hacer un impacto contra un objetivo a más de cien metros al que sólo se le ve un pixel es muy complicado. Pero cuando lo haces te sientes el maldito Vassily Zaitsev.

Sí, hablo constantemente de dificultad y desafío, porque eso es Sniper Elite, un juego que es necesario disfrutar en las dificultades más altas donde se desactivan todas las ayudas: los modos "Francotirador" y "Sniper Elite". En los modos más bajos el juego no pasa de ser un mataratos, debido al escaso desafío, base del juego. Pero es en los niveles altos, sin asistencia de ningún tipo, cuando el juego se muestra como una experiencia dura, inmersiva al extremo, que requiere paciencia y compensa con momentos absolutamente gratificantes. Y es así como Sniper Elite debe ser jugado, pues así esta diseñado: para ser una experiencia de juego completamente distinta y un producto que demuestra que se pueden hacer juegos de infiltración sin copiar una y otra vez a los juegos de siempre. Teniéndolo en gog.com o Steam (recomiendo la primera de las opciones, la versión de Steam es un desastre) por un puñado de euros es un juego que debéis probar.

En breve se publica la reimaginación de Sniper Elite bajo el sufijo V2, una versión corregida y aumentada que mantiene la esencia y añade nuevas opciones. ¿Qué mejor manera de matar la espera, y unos cuantos rusos de paso, que conocer uno de los títulos más imprescindibles de la generación pasada?

2

Comentarios (6)

Ya no se pueden publicar más comentarios. ¡Gracias por tu aportación!