Marzo negro contra Mass Effect

La moral del comprador de videojuegos. 

Es de recibo que el ámbito digital anda revuelto desde que se anunciara la Ley Sinde, recientemente evolucionada a la Ley PIPA. Desde entonces, se han generado debates y protestas, pero, sobre todo, millones de clicks placebo. Cambiar tu avatar o foto de perfil en las redes sociales para incluir una pequeña banda que diga: No a la PIPA. Poner una máscara de Guy Fawkes sobre tu más o menos agraciado rostro. O asistir a eventos virtuales: sí, asistiré. ¿A qué? Pues está claro, a la pantomima de una falsa sensación de acción social.

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Cambia el mundo desde el sofá de tu casa, que ahora se puede. El grupo Anonymous, con el que tengo más de una (y de dos) discrepancias, ha hecho un llamamiento a lo que se conoce como Marzo negro. ¿Seremos capaces de estar un mes sin consumir cultura, videojuegos incluidos? Mass Effect apuesta a que no. Y yo estoy con él.

¿Seremos capaces de estar un mes sin consumir cultura, videojuegos incluidos? Mass Effect apuesta a que no. Y yo estoy con él.

    No es sólo el, esperadísimo por muchos, servidor incluido, título de Bioware. Lanzamientos muy jugosos como I Am Alive, el nuevo SSX, Ninja Gaiden o el hypeado in extremis Street Fighter X Tekken son lanzados este mismo mes, terminando con la sequía de títulos tras las fechas navideñas.Y no, no me he olvidado, Zumba Fitness Rush también se lanza en marzo, sabrosones. Así que, coincidiendo con la nueva remesa de lanzamientos Triple A, se promueve la iniciativa del Marzo negro, lo que conlleva no consumir durante todo un mes música, películas o videojuegos. Aquí un extracto del llamamiento:

"Las industrias de la música, la televisión, el cine y el videojuego han decidido apoyar una legislación que permite la censura y el cierre de páginas sin procedimiento judicial. Han decidido golpear primero, pero nosotros podemos hacerlo donde más les duele: en su margen de beneficios"

"No alimentemos más a quien no nos respeta. Son sólo cuatro semanas. Nosotros podemos aguantar sin ellos. ¿Cuánto tiempo pueden aguantar ellos sin ningún ingreso?"

  No carente de la clásica demagogia que acompaña a textos de esta índole, la iniciativa me resulta, cuanto menos, interesante. Las cada vez más restrictivas leyes sobre la propiedad intelectual que pretende implantar la PIPA o, en el caso de los videojuegos, medidas como en el famoso online pass, son desesperanzadoras. En mitad de una crisis económica mundial, la industria de la cultura, alojada en el limbo del dólar, se resiste a admitir a la distribución digital como siguiente escalón de la evolución y se niega prescindir del lucrativo negocio de las distribuidoras. Si el consumidor no quiere seguir acatando el antiguo modelo de negocio, obliguémoslo. Por no hablar de los derechos de los artistas, vulnerados hasta el absurdo, para favorecer a las industrias magnates de la distribución de medios.

  Pero dejemos de un lado toda esta teatral guerra mediática, argumentos redundantes y batallas de David contra Goliats adinerados; no es lo que interesa aquí.

Lo importante es: ¿Es el Gamer capaz de aguantar todo un mes sin comprar un videojuego? ¿O quizás somos las putitas de la industria, y corremos para que nos den una palmadita en el culo cada vez que escuchamos su silbidito? No sé ni por qué lo pregunto. Claro que sí: somos las más putas.

Es el Gamer capaz de aguantar todo un mes sin comprar un videojuego? ¿O quizás somos las putitas de la industria, y corremos para que nos den una palmadita en el culo cada vez que escuchamos su silbidito?

Nos domina una mezcla entre afición y síndrome de Diógenes; dependencia y masoquismo de la mano en un hobby que alimenta la maquinaria de vulneración de las libertades digitales. Ahí estamos nosotros, protestando contra ella de manera enérgica desde el salón, pero poniendo el culo con risita tímida y picarona.

  Por mi parte me he propuesto cumplir con el reto. No lo veo como algo extremadamente complicado; hacerme con tan suculentos títulos 1 mes después de su lanzamiento sólo me puede aportar un precio rebajado. Mientras, puedo tirar de juegos que ni tan solo me he molestado en desprecintar.

Seguro que en vuestras estanterías también existe el club de juegos huérfanos, vírgenes y desolados. Gracias a esas compras compulsivas y sin sentido en páginas de importación, este mes me serán de gran ayuda. Además de tirar de titulos de la anterior generación que en su época no pude jugar, y que he tenido la suerte de conseguir por dos duros.

Realmente, la alternativa existe. No pretendo mover conciencias, o hacer un llamamiento al alzamiento, pero este ejercicio de simulada austeridad quizás sirva para hacernos ver que no es necesario estar cada 2 semanas con la tarjeta de crédito en la mano; que no dependemos tanto como creemos y que hay toda una historia del videojuego viva a la que acceder, descubrir y jugar.

¿Estáis dispuestos a secundar el movimiento? Aunque en el manifiesto no lo ponga, lo de ponerse la máscara de Guy Fawkes durante todo el mes también es un gesto, de perdidos al río.

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