Amy

El ocaso del terror.

VectorCell es una desarrolladora francesa fundada en 2005 que únicamente cuenta con dos títulos en su haber: Mr Slime (Nintendo DS, 2008) y el que nos ocupa, disponible para descarga desde mediados de enero y que trae consigo dos cartas de presentación nada desdeñables:

  • La presencia en el equipo de desarrollo de Paul Cuisset, creador de Flashback (Delphine Software, 1992), un fantástico plataformas que por sus valores jugables, técnicos y cinematográficos representó en su momento, junto con Another World, el culmen del género

  • Proponer un regreso al survival clásico, es decir, a la época en la que en este tipo de juegos la inteligencia contaba tanto como la rapidez a la hora de desenfundar.

Por otro lado, en el título de VectorCell es posible rastrear, aparte del formato episódico de Alan Wake o el siniestro juego del escondite de Clock Tower, un par de influencias destacadas. En primer lugar prescinde, al igual que hiciera Dead Space, de cualquier elemento visual que huela a videojuego. La pantalla aparece, por tanto, desprovista de indicador alguno y el medidor de vida (contaminación, en este caso) descansa sobre la espalda de la protagonista.

En segundo lugar te impone la obligación de velar, como si de un juego de Fumito Ueda se tratase, por la integridad física de un NPC, en este caso una niña autista cuyo nombre da título al juego. El sistema de control no sólo incorpora, al igual que hiciera Ico, el acto de coger de la mano a tu joven acompañante, sino que además dicha acción se ejecuta de manera idéntica: apretando un gatillo y simulando, así, el gesto de "abrazar" el pad.

El gusto exquisito a la hora de elegir las fuentes de inspiración no siempre es garantía de un buen resultado.

Por otro lado, si el clásico de Ueda está presidido por la idea de colaboración (Ico defiende a Yorda de los ataques de las sombras y ésta es capaz de abrir las compuertas del castillo), aquí ese concepto de dependencia mutua también está presente: Amy precisa de tu protección frente a los enemigos y Lana, el personaje al que controlas, ha de mantenerse cerca de ella so pena de sucumbir por contaminación. La muerte de cualquiera de ambas implica el final de la partida.

El gusto exquisito a la hora de elegir las fuentes de inspiración no siempre es, pese a todo, garantía de un buen resultado. Ciertamente en Amy se aprecia un intento admirable y serio por bucear en las raíces del survival, en el sentido de que su propuesta se sustenta sobre los pilares de la acción y los puzles, pero ambas facetas ofrecen abundantes carencias.

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