Videojuegos, instrumento de segregación sexual

Ocio contaminado.

Me levanto esta mañana con la noticia de que Level-5, compañía respetada y respetable, va a lanzar en 3DS un RPG especialmente pensado para el público femenino. Nada más que esta especificación ya hace que se me revuelva el café y la tostada de atún, pero vayamos por partes.

Por lo que sabemos el juego será la adaptación de un título para móviles ya existente, y que según palabras de la compañía es un auténtico exitazo en el país nipón, algo que ha propiciado su llegada a la portátil de Nintendo. El juego es un RPG, o eso dicen, aunque tiene bastantes matices de juego social, incluso de dating game, no obstante en Cinderellife, que así se llama el asunto, asumiremos el papel de una chica de campo, tímida y apocada, que llega a la gran ciudad dispuesta a comerse... no, montones de pollas no, malpensados... dispuesta a comerse el mundo.

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Tras esta prometedora introducción uno podría pensarse que estamos ante un simulador social en el que tendremos que ayudar a Neo-Ginza, la prota, a prosperar en una meteórica carrera como ejecutiva de una gran multinacional, ayudarla a descubrir una vacuna contra el SIDA, o convertirla en toda una personalidad del mundo de las letras gracias a sus prestigiosos ensayos literarios. No amigos, Neo-Ginza emigra a la gran ciudad para aprender a maquillarse, vestirse como una auténtica estrella y decorar su apartamento con miles de accesorios de fantasía.

Para ello tendremos que trabajar muy duro en The Castle, un local de entretenimiento donde tendremos que atender y entretener a la clientela masculina con la mejor de nuestras sonrisas y el mejor de nuestros escotes mientras comen y beben para que nos deje una buena propina. Y no, justamente aquí no voy a caer en el insulto feminazi y sin sentido, puesto que este tipo de trabajo no tiene absolutamente nada que ver con la prostitución (cosa que, regulada, tampoco me parece mal) y está perfectamente aceptado en la sociedad japonesa, tanto los host como los hostess club, para chicos y para chicas. Mismamente si habéis jugado a Yakuza 4 sabréis de qué va la cosa.

Mi queja no va por ahí, mi queja va por la nauseabunda manía de etiquetar los juegos para chicas como algo aparte, algo a lo que hay que fijarle unas líneas definitorias bien claras debido a algún extraño y enfermizo afán por separar todo lo posible el entretenimiento digital para niños y para niñas. Y digital en este caso, porque si habláramos del entretenimiento en general podría estar soltando bilis hasta el día del juicio. No, esto no me entra en la cabeza. Son niños, críos, cachorros humanos, jugarían hasta con una piedra si no tuvieran otra cosa, ¿qué necesidad hay de marcarles diferencias por sexos a una edad en la que ni saben lo que eso significa? ¿Qué necesidad hay de "contaminar" su ocio, allanando así el terreno a las diferencias que ya de por si la sociedad les va a marcar?

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¡No importa que el novio se de a la sodomía con transexuales filipinos mientras la boda sea totalmente perfecta!

Y mi queja viene porque concretamente las niñas son las peor paradas de toda esta mierda, claro. Mientras - según estas mentes preclaras - los chicos pueden jugar con coches ultra veloces, marines espaciales que luchan para salvar la galaxia, guerreros legendarios con fastuosos poderes, pueden embarcarse en epopeyas en mundos de fantasía, participar en todo tipo de torneos deportivos, desenmascarar asesinos y resolver todo tipo de intrincados rompecabezas, las niñas en cambio deben entretenerse con juegos cuya intencionalidad conduce de manera inequívoca a dos vertientes, ser puta o ama de casa. Si, esto no es más que una racionalización (y radicalización) del asunto desde un punto de vista satírico, pero no deja de tener cierto sentido, al fin y al cabo el 97,38% de los juegos para niñas se basan en maquillarse, vestirse como Hanna Montana, aprender a cocinar o cuidar bebés.

Las niñas, en cambio, deben entretenerse con juegos cuya intencionalidad conduce de manera inequívoca a dos vertientes: ser puta o ama de casa.

Dicho lo cual, ¿a quién cojones le interesa esto? ¿Quién se empeña en que las cosas sean así? Lógicamente las desarrolladoras simplemente hacen lo que el público quiere. Si yo pincho una mierda en un palo y me la compran a 5 euros seguiré vendiendo mierdas pinchadas en un palo hasta que se me sequen los intestinos. Luego está la clásica y entrañable figura de ese padre o madre que se dirige a la tienda de turno a preguntar: "hoyga, ¿tienen juegos para niñas?". Si, es para darle latigazos en los genitales hasta el fin de los días. Y luego tenemos al Club Disney y su santísima trinidad de zorrones dando ejemplo día si, día también, con sus infames productos pseudo educativos.

En fin, cuando yo era pequeña no había tanta segregación, y los videojuegos que mis padres me compraban alimentaban mi imaginación, despertaban mi curiosidad y me trasportaban a mundos maravillosos donde podía vivir y sentir esas aventuras como si fuesen mías. Luego ya llegó el momento de crecer, de tomar caminos y decisiones, de asumir (o no) roles y papeletas. Todo tiene un momento y un lugar. Así que hacerles un favor, y si tenéis que comprar un juego a vuestra hija, hermana o sobrina, por favor, compradle un puto Zelda.

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