RAGE

Las primeras tres horas.

Me sorprendió descubrir que RAGE empieza con un vídeo pre-renderizado. No hay rastro del nuevo motor gráfico de John Carmack en la introducción que muestra la puesta en marcha, en el año 2029, del Proyecto Edén, que pretende criogenizar a gente especialmente valiosa en Arcas. No por gusto, sino porque un enorme asteroide está a punto de dar de lleno en nuestro planeta. Y esta vez no falla.

Ya corre todo sobre el impresionante id Tech 5 -y así seguirá siendo, según el director creativo Tim Willits, durante unas 15 horas- cuando nos descongelan y descubrimos que el plan no ha funcionado, que en el resto de cápsulas hay cadáveres. La cosa no mejora al salir del Arca, cuando todavía medio cegados por la luz del sol conocemos a los primeros mutantes; se los carga un tal Dan Hagar, que acto seguido son acerca a su campamento y nos da una pistola, un quad y una misión. Ya podemos empezar.

Durante el paseo hasta la primera guarida que debemos limpiar de engendros me pregunto de nuevo por qué resultan tan atractivos los mundos post-apocalípticos. No sé qué hay de bonito en una carretera elevada medio derruída, pero sin duda algo hay. Tal vez para que las vistas sean más panorámicas se ha optado por la tercera persona a la hora de conducir vehículos; el control es adecuado, sin peculiaridades, y se agradece ese turbo moderadamente largo para poder empezar antes a pegar tiros.

Todo cambia al llegar al objetivo: desaparece el mini-mapa que nos había indicado cómo llegar hasta ahí y el mundo abierto deja paso a un espacio cerrado y pasillero, pero con una ambientación igualmente cuidada. Seguro que en id se sienten cómodos con este contraste y creo que va a ser bueno para el combate. Hablando del tema, la pistola, que por sus formas redondeadas se da un aire a la de Doom 3, se comporta también como era de esperar; el apuntado es cómodo y aunque hay la posibilidad de apuntar con mayor precisión a través de la mira, en este caso parece más natural no hacerlo. La detección de impactos está realmente trabajada, de modo que un disparo en toda la pierna frena al mutante que viene embalado con su porra y si le das en un brazo, se lleva la otra mano a la herida. Los enemigos son salvajes y feos, pero no tontos; los que tienen armas de fuego que les permiten optar por una estrategia menos kamikaze se cubren bien tras muebles maltrechos y cambian de posición cuando se ven expuestos.

En ese aspecto, RAGE es el típico bien hecho, con las mecánicas de siempre y las armas que esperamos -por cumplir varios recados me han regalado ya una escopeta, un rifle de francotirador y una ballesta, y es imposible resistirse a la AK en la primera visita a una tienda- haciendo justo lo que queremos, que ya es mucho. Aquellos elementos más peculiares, como esa especie de boomerang que se ha visto en varios vídeos o la posibilidad de elegir distintos tipos de munición para cada arma, no desentonan para nada, al contrario, pero su importancia es relativa. Lo mismo sucede con los vehículos, ya sea acribillando coches enemigos con las torretas de apuntado automático o durante las carreras; son paréntesis entretenidos, pero no decisivos.

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